Como el Gobernador de Panamá se negara a colaborar
con gente y armas para continuar la conquista del Perú, toda vez que
aseguraba que las versiones de Pizarro y los suyos eran demasiadas exageradas,
los tres socios de la conquista optaron por enviar a uno de ellos a España,
donde los Reyes, para exponer la importancia que el descubrimiento tenía
para la Corona y solicitarle el apoyo material necesario para la continuación
de la empresa.
Después de muchas discusiones se acordó que fuese Pizarro quien
viajara a España y negociara ciertas mercedes para los tres socios;
luego de recibir 1500 pesos prestados y en compañía de Pedro
de Candía Domingo de Soraluce, los tres indios capturados por Ruiz
y un lote de mantas multicolores, adornos de oro y plata y seis ovejas procedentes
de Tumbes, inician el viaje a España, haciendo una primera escala en
Nombre de Dios para partir a Sevilla en Setiembre de 1528 en donde llegan
después del viaje de algunas semanas.
En Sevilla, Pizarro es encarcelado por insolvente por no pagar unas deudas
que habfa dejado pendientes, pero es puesto en libertad por orden del Emperador,
tan pronto supo la noticia.
Reiniciado el viaje, llega a la Corte Real donde expone en la Sala del Consejo
las peripecias sufridas en la empresa del Perú, sostiene que era una
tierra muy rica para ser poblada por cristianos y muestra todos los objetos
de aquella tierra; luego habló el griego Pedro de Candía refiriéndose
a las ciudades torreadas y almenadas, mostró su pintura de Tumbes y
a continuación leyó su relación de servicios, quedando
todo el auditorio sorprendido. Los Consejeros del Rey ante tanta evidencia
no tuvieron más recurso que creer y apoyar en forma decidida a la empresa.
El 26 de julio de 1529 se firmaba entre la Reina Emperatriz de España
doña Isabel de Portugal y don Francisco Pizarro, la Capitulación
de Toledo para la conquista del Perú, que a juzgar por lo que dice
don Raúl Porras Barrenechea en su "Cedulario del Perú",
"no fue una ley o contrato aislado, sino un cuerpo o conjunto de leyes
que marcan a la vez que un momento del derecho indiano, el nacimiento del
derecho peruano", transformó el carácter privado que tenía
en sus inicios la conquista del Perú en una empresa de carácter
estatal, respaldada por la Corona de España.
En el citado documento se fijaba el límite de terreno por conquistar
y las condiciones para la empresa, se señalaban las mercedes reales
a los conquistadores, se nombraban como Regidores de la Ciudad de Tumbes a
don Francisco de Cuellar, Domingo de Soraluce, García de jaren, Juan
de la Torre, Pedro de Candía, Bartolomé Ruiz, Martín
de Santaella, Francisco Lucena, Cristóbal de Peralta y a don Nicolás
de Ribera, asimismo una serie de beneficios a todos los participantes.
Es interesante anotar que los nombres de Tumbes y Perú se usaban inicialmente
en indistinta forma, asfse leía: "Las tierras y provincias de
Tumbes", y en una carta que la Reina le escribe a Diego de Almagro en
1531 le dice: "Queríais conquistar y poblar las tierras de Chincha
que es el fin de la Provincia de Tumbes" y aún más le dice:
"que le envía el título de Mariscal de Tumbes", pero
ya posteriormente se evita emplear "Tumbes" para referirse al Perú.
Pues bien, don Francisco Pizarro en posesión
de ese conjunto de disposiciones reales inicia los preparativos para la Conquista
del Perú y el 20 de Enero de 1531 con 180 hombres y 37 caballos zarpa
de Panamá con dirección al Sur. Después de 13 dfas de
navegación llega a San Mateo para continuar luego a Coaque, Puerto
Viejo y Santa Elena tras haber pasado las penurias más grandes, haberse
enfermado mucha gente y cundido el desaliento en toda la expedición.
En esta empresa sólo seis de los "trece de la Isla del Gallo"
acompañaron a Pizarro a la Conquista del Perú, ellos fueron:
Alonso Briceño, Pedro de Candía, Cristóbal de Peralta,
Nicolás de Ribera, Bartolomé Ruiz y Juan de la Torre, y en la
marcha a Cajamarca sólo van tres, pues Nicolás de Ribera se
queda en San Miguel de Piura, Juan de la Torre acusado de sedicioso parte
hacia el destierro y Bartolomé Ruiz se queda desempeñando sus
funciones de navegante.
Narremos, aunque sea muy brevemente algunas de las grandes dificultades a
las que tuvo que hacer frente Pizarro, que lejos de desanimarlo en la empresa
que se había propuesto le daban más impulso para acometerla
con mayor agresividad.
En Coaque, la mayor parte del campamento sufrió un mal de verrugas
que deformaba a las gentes, ya que les erecta en todo el cuerpo unas protuberancias
carnosas y sangrientas del tamaño de una nuez o huevo de gallina que
los hacfa parecer a los leprosos de Castilla y sólo se le reconocía
por la lengua que hablaba. El origen de este mal provino quizá de haber
comido pescado envenenado u hongos venenosos proporcionados en venganza por
los naturales de la zona.
En otra ocasión al ver en las playas gran cantidad de cangrejos, en
el afán de degustar nuevos potajes procedieron a sancocharlos para
comérselos. Los resultados no se dejaron esperar, muchos de ellos estuvieron
a punto de morir por cuanto esos crustáceos eran venenosos.
En otra oportunidad impedidos por el hambre, descubrieron unas serpientes
muy gordas y creyendo poder mitigar esa necesidad, las matan, las untan con
ajos silvestres y ají, y colocándolas al calor de las brasas,
preparan un apetitoso manjar que les costó la vida a algunos de ellos
y otros perdieron la razón.
La falta de agua y la sed producida por la continua exposición a los
rayos solares los obligaba, a tomar el líquido en cualquier charco
que encontraban produciéndoles, como es lógico suponer, trastornos
estomacales. Estos inconvenientes en nada amainaron el espíritu de
empresa de Pizarro y desde Santa Elena ordena que cinco españoles exploren
y reconozcan la Isla de Puna donde sabia que había buena comida y era
un
lugar bastante sano.
El resultado fue todo un éxito, pues aquellos se dieron con la agradable
sorpresa que más de 100 isleños los esperaban con frutas, pan
biscochado, conejillos y patos y después de recibir el saludo del curaca
Túmbala por intermedio de un indio llamado Cotoir y agradecer las atenciones
recibidas regresan donde Pizarro a dar cuenta de estos sucesos, éste
entusiasmado aunque receloso ordena ponerse en marcha hasta una playa cercana
a la Isla. Aquf el curaca isleño esperaba a Pizarro y los suyos, con
muchas balsas ya que deseaba partir cuanto antes, pero éste desconfiado,
pues algo presentía, se negó a embarcarse y aquél "palpito"
del Capitán le rindió los mayores beneficios, pues se le habia
tendido una celada que consistía en cortar las amarras de los troncos
cuando estuvieran en alta mar y ahogarlos a todos juntos con sus caballos.
Enterado Pizarro de esta treta llamó a Cotoir y le indicó que
deseaba hablar con el Cacique Túmbala, pero el objetivo era que lo
acompañara por medida de seguridad a pasar la Isla, cosa que asf lo
hicieron. En Puna, la vida para los expedicionarios se transformó,
tenían. muchos recursos y mientras el personal disfrutaba cazando venados
y reparaba las fuerzas perdidas, Pizarro con sus más allegados planeaba
la forma de continuar la conquista previendo, como es lógico suponer,
las medidas a tomar en caso de cualquier ataque por parte de los isleños,
quienes movidos secretamente por un delegado de Atahualpa los con vencían
para que se levantaran contra los españoles.
Pizarro fue avisado oportunamente de la acción, por intermedio de los
interpretas y por Chillimasa, conocido también por los nombres de Quillimasa,
Chirimasa o Cocalami, curaca de Tumbes, que sigilosamente entró al
campamento de los españoles, mas como todo estaba previsto por parte
de los isleños, se produjo la insurrección que generó
un combate entre ambos bandos, a pesar de haber sido tomado prisionero el
curaca de la Isla y sus hijos.
La acción fue dura y se inició en los alrededores del campamento
español donde fue repelido el ataque, teniendo los isleños que
replegarse a la zona pantanosa para seguir su resistencia, que terminó
al cabo de cuatro semanas debido a la intervención de Juan Pizarro
y Belalcázar que con sus jinetes terminaron con todos los focos de
resistencia, restituyendo la calma.
Como consecuencia del combate, Hernando de Soto salió herido en el
muslo, asi como diez españoles, habiendo muerto muchos indios. Pacificada
la Isla, Pizarro puso en libertad a los 600 prisioneros tumbesinos diciéndoles:
"Ida vuestro Rey y Señor y saludadlo de nuesra parte: decidle
lo que aquí habéis visto, el buen tratamiento que os habemos
hecho y el beneficio de libertad que de nuestras manos habéis descibido",
luego ordena que devuelvan a éstos los tres ídolos de oro, cada
uno de los cuales tenia el tamaño de un muchacho de tres años
y por uiltimo se decide abandonar dicha Isla en Abril de 1532, bautizándola
con el nombre de Santiago, el apóstol batallador.
Para realizar la operación de transporte de la Isla de Puna a Tumbes
era menester disponer de las balsas necesarias, que fueron proporcionadas
por el curaca Chillimasa, a pedido de Pizarro; pero antes de continuar con
el relato de! transporte por mar de la expedición, es interesante exponer
a grandes rasgos la situación que se vivi'a en Tumbes: . La ciudad
había sido destruida por orden de Atahualpa debido a que los tumbesinos
eran abiertamente adictos a Huáscar. Acababa de terminar una guerra
con los de Puna, adictos de Atahualpa. Los principales personajes de Tumbes
habían sido muertos y la ciudad saqueada. Un Gobernador de Atahualpa
secretamente gobernaba la Isla de Piura y Tumbes, dictando órdenes
que debían ser cumplidas por los curacas de ambos lugares. El Curaca
de Tumbes, aunque simpatizaba con los españoles como único medio
para liberarse del yugo de Atahualpa, planeo una operación destinada
a hacer fracasar la invasión hispana, única y exclusivamente
para demostrar a Atahualpa, el nuevo Inca, que sabía hacer mejor las
cosas que sus rivales ancestrales de Puna, Esta situación era ignorada
por los españoles, por eso miraban la costa con gran confianza.
La travesía se inicia al atardecer, de un día de Abril de 1532,
en un convoy formado por tres navios donde iba Pizarro con sus soldados, y
cuatro balsas con el equipaje, y personal español, que lejos de seguir
el curso acostumbrado de los navios, tomaron la dirección de una playa
legana de islotes, de vegetación tupida, pero cerca de Tumbes.
La primera balsa era ocupada por el marino Hurtado, el hermano de Alonso Toro
y otro español cuyo nombre se ignora, tenían la misión
egún dice Gomara, de pedir paz y entrada, llegan a tierra donde fueron
parentemente muy bien recibidos, pero posteriormente son entréga los
a unos sacerdotes para que los sacrificaran a sus ídolos, terminando
sí en forma trágica sus vidas.
Otra de las balsas era ocupada por Francisco Martfn de Alcántara, Alonsode
Molinay Pedro Pizarro con otros compañeros,quienes al ver la manifiesta
hostilidad de los tumbesinos y el peligro inminente de sus vidas, se defendieron
y los balseros indios no tuvieron más remedio que tirarse al agua,
pero llegados a la playa, volvieron nadando y se llevaron la balsa con el
equipaje de Pizarro.
Las otras dos balsas restantes, en la que iba Hernando de Soto y; Cristóbal
de Mena ya advertidos de la maniobra, obligaron a los balserosa desembarcar
en otro punto.
Muchas provisiones y la recámara del Gobernador se perdieron en la
travésia.
El 24 de Abril de 1532, desembarcaba Pizarro, algo más al Sur, donde
se informa de lo sucedido y constata que todos los naturales habían
huido, no explicándose la razón del raro comportamiento de los
tumbesinos, ya que la vez anterior sólo había recibido atenciones
y admiración; sin embargo ordena continuar la marcha en dirección
de la ciudad, donde al llegar, su asombro es aún mayor ya que la encuentra
completamente destruida por lo que los expedicionarios se desilusionan y al
ver Pizarro la ciudad que ahora era de adobes y no de piedra, se acerca donde
Pedro de Candia y le dice: "En los nidos de antaño no hay pájaros
ogaño (frase que curiosamente es empleada por Miguel de Cervantes en
su libro "El Quijote"), Candía que consideró esas
frases como una crítica al informe que diera sobre Tumbes le responde
que se habia expresado asi, para impresionar a los Consejeros de India y lograr
que apoyasen la empresa.
Por otra parte, Pizarro por más que indaga sobre el paradero de los
españoles que habían dejado en Tumbes en su primer desembarco,
en especial de Alonso de Molina que se había quedado de voluntario
en Tumbes, cuando Pizarro regresaba a Panamá, no pudo obtener mayores
datos. Sobre la desaparición de estos españoles, se ha tejido
muchos comentarios: se sostiene que murieron de paludismo, que fueron asesinados
por haber vivido con las Vírgenes destinadas al Culto del Sol, otros
como el Curaca Túmbala de la Isla de Puna, afirma que fueron muertos
por los tumbesinos cuando salieron en una expedición con los isleños.
Se dice también que los mataron y se los comieron asados en barbacoas,
y por último otros afirman que fueron muertos a palos sin motivo alguno
en una "borrachera"; como única referencia a los desaparecidos
se consigna que estando Pizarro en la Isla de Puna, encontró a tres
indias una de las cuales tenía -entre sus ropas un papel arrugado con
esta inscripción "los que a esta tierra viniereis, sabed que hay
más oro y plata en ella, que hierro en Vizcaya".
Pizarro en represalia por la muerte de los tres españoles, ordenó
que el Capitán Soto con 40 hombres de a caballo y 80 de a pie, castigara
a los naturales del lugar de acuerdo al delito cometido; quien después
de cruzar el rfo y caminar toda la noche llegó al lugar de descanso
de los soldados y pobladores tumbesinos, matándolos e hirieron a otros
tantos.
Por declaraciones tomadas a los prisioneros y por la visita que le hizo Martín
Guarnan Malqui, corno emisario de Huáscar, supo el Gobernador de las
crueldades del nuevo Inca, que se encontraba en Cajamarca, de las simpatías
de los Tumpis hacia Huáscar que era el legítimo señor
del Cuzco, de las riquezas que encerraba el templo del Sol en el Cuzco y en
Pachacámac y en fin conoció en detalle la situación real
que vivía el Imperio, datos estos que le sirvieron para orientar todos
sus esfuerzos en capturar ai Inca.
Los españoles se dedican a reconocer la ciudad, reconocen la fortaleza
y se intrigaron por el sistema de aprovisionamiento de agua, luego recorren
el Templo del Sol, el Palacio del Curaca y por último se dedican a
saquear las casas donde extraen diversos objetos de oro, plata, piedras preciosas,
etc.
En tierra tuvieron que hacer frente a continuos y recios ataques por parte
de los tumbesinos partidarios de Atahualpa, los que cesan cuando es apresado
el Curaca Chillimasa quien confesó ser ajeno a todos estos ataques,
por lo que el Gobernador viendo la sinceridad de sus declaraciones, lo pone
en libertad, ganando aquél mucha popularidadentre los tumbesinos.
El Curaca astuto no tomó bando ni por Atahualpa ni por Pizarro, ya
que los dos eran invasores, por lo que optó por mantenerse neutral
y esperar el final de la guerra entre los españoles y los soldados
de Atahualpa. -- .
Jerónimo Benzoni sostiene que "Los españoles después
de su victoria en la Isla de Puna pasaron a Tumbes, a unas cincuenta millas
de distancia de la Isla, donde desembarcaron. Los del País conocedores
del mal trato que los españoles habían dado a los de Puna se
retiraron a un fuerte poco distante del mar. Pizarro envió a decir
al Gobernador de la Provincia que fuera a verlo, pues deseaba mucho de su
amistad, pero éste no sólo rehusó, sino que con todas
sus fuerzas trataba de hacerle los mayores daños posibles. Por esto
Pizarro una noche pasó el río con parte de su gente y buenos
guías y caminando entre espinas dio sobre los benemigos, quienes dormían
seguros, e hizo de ellos gran mortandad: luego retornó a Tumbes y se
apoderó de todo, depredando y despojando el Templo del Sol".
Abasteciéndose de todo lo necesario y dejando a un pequeño grupo
de españoles, asi" como al Contador Antonio Navarro y al Tesorero
Alonso Riquelme, Pizarro y los suyos abandonaron Tumbes el 16 de Mayo de 1532
y según Georg Petersen, tomando la margen izquierda del río,
pasaron por la Peña, Francos, Casa Blanqueada y llegaron a Rica Playa
donde descansaron después de una jornada de 26 km., luego continúan
hasta Huaquillas sobre la quebrada Arzapán o Casitas donde descansaron.
Al día siguiente llegan al Huásimo, Guineal, Platanal, Modroño
donde descansan tres dfas, para emprender su marcha y llegan a Poechos el
25 de Mayo después de haber recorrido 160 kms. En San Miguel de Piura
realizó el "repartimiento" de la comarca, tocándole
en "vía de depósito" a Hernando de Soto la ciudad
de Tumbes y mandó fundir el oro que habfa obtenido en Tumbes, separó
el quinto del Rey y el resto que pertenecía a los expedicionarios los
tomó prestados para abonar el flete de los navfos que mandó
a Panamá en busca de refuerzos, comprometiéndose a devolvérselos
con el primer oro que consiguiese; por último el 18 de Junio de 1533
al proceder el reparto del tesoro de Atahualpa en Cajamarca, le tocó
a la Iglesia naciente del Perú, con sede episcopal en Tumbes, la cantidad
de 2,200 pesos de oro y 90 marcos de plata. No se conoce con exactitud el
destino dado a ese dinero, pero se Presume que fue empleado por Blasco Núñez
de Vela para sostener la campaña contra Gonzalo Pizarro.
Los españoles durante su permanencia en Tumbes cometieron toda clase
de abusos y es don Francisco Barnuevo que nos trae estos testimonios cuando
en una carta que la escribe desde Panamá el 15 de junio de 1535 al
Consejo de Indias le dice: "Que durante su permanencia en Tumbes constató
que el español Hernando de Cabrera cometía una serie de abusos
con los indios, tales como robarles sus pertenencias, asaltar sus casas, asesinarlos
o mutilarlos cortándoles tos brazos; que los indios eran empleados
como bestias de carga y que en los repartimientos no había ninguna
regla a seguir pues mientras a unos le han dado copiosos a otros muy menguados",
por lo que recomendaba: el nombramiento de un Teniente para evitar esas vejaciones,
que los pueblos se hagan cerca del puerto y se nombre un Mayordomo a cuyo
cargo estén los indios de un repartimiento".
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