El 8 de junio de 1884, el General don
Manuel Gonzales de La Co-
tera, inició en Tumbes un movimiento subversivo contra el Gobierno
del General don Miguel Iglesias, en apoyo del General Andrés A. Cáce-
o res, como demostración de descontento por la forma como se solucio-
naba el estado de guerra que durante cuatro años soportó estoicamen-
te nuestro pueblo.
El movimiento estaba condenado al fracaso porque caree fa del ca-
lor popular y el reducido número de adherentes, de los cuales sólo
ochenta y tantos estaban bien armados, caree tan en general de los re-
cursos necesarios para sostener una campaña.
Por otra parte, como a aquella gente se le pretendió acuartelar y
someterlos a una estricta disciplina militar, se amotinaron, pero avisado
oportunamente el General La Gotera, demostrando una energía sin
igual, restablece el orden y luego sanciona ejemplarmente a los respon-
sables.
El mismo día que sucedían estos acontecimientos, esto es el
20 de
julio de 1884, se presentó a la rada de Tumbes la corbeta chilena
0'Higgins y con toda prontitud el General La Cotera envió a su Secreta-
rio particular el señor Juan Espinoza donde el Comandante de la nave
con el fin de averiguar el objeto de su arribo a aguas peruanas, respon-
diéndole que "su objeto no era otro, sino el de saber, si el movimiento
del General La Cotera tendía a desconocer los tratados celebrados entre
su país y el Perú",a lo que el señor Espinoza le
contestó que en nombre
del General, le declaraba que el movimiento era simple y llanamente so-
bre asuntos de política interna y no tenía la más mínima
relación con
tratado alguno.
En esta situación, los oficiales chilenos que estaban francos fueron
de paseo a caballo a conocer la ciudad y aprovecharon todas las circuns-
tancias disponibles para conocer los detalles más simples sobre el
movi-
miento subversivo jefaturado por el General La Cotera, datos que fue-
ron puestos en conocimiento del Coronel Genaro Carrasco, jefe de las
fuerzas del Gobierno encargadas de combatir al General rebelde, que
precisamente había llegado en el mismo momento que los oficiales chi-
lenos retornaban a su buque.
'f El Coronel Carrasco que había llegado el 20, comenzó el desem-
barco de sus tropas al día siguiente y a las tres de la tarde emprendía
la marcha hacia Tumbes "en la esperanza de sorprender a los rebeldes
y aniquilar a los pocos elementos de que podían disponer", pero
conocedores de su proximidad, huyeron precipitadamente en la madrugada,
llevándose consigo el armamento, once barriles de pólvora y
municio-
nes que por la violencia habFan conseguido de los particulares. Las fuer-
zas del Gobierno desplegando una gran actividad logran tomar contac-
to con los rebeldes el 23 de julio en las alturas que bordean Cerro Blan-
co, produciéndose un intenso tiroteo por ambos bandos, pero las fuer-
zas, en su mayoría civiles que obedecían al General La Cotera,
abando-
nan la lucha replegándose en dirección de Zarumilla y luego
se internan
en territorio ecuatoriano para evitar ser perseguidos y capturados.
Derrotados los rebeldes, el Comando de las fuerzas del Gobierno,
restablece en primer lugar la normalidad en la población y luego en
cumplimiento de lo dispuesto por el Supremo Decreto expedido por la
Soberana Asamblea del Norte el 5 de enero de 1883, ordenó la confis-
cación de los bienes muebles y algunos inmuebles de los promotores
y
directores del movimiento revolucionario, impuso multas a los ciudada-
nos enemigos del Gobierno, como a don David Noblecilla, nombrado
como Administrador de la Aduana por La Cotera con 1,000 pesos; a
A. Gianella con 600 pesos por haber proporcionado una embarcación
para el transporte de armas; a Avalos con 200 pesos, acusado de contra-
bando y a G. Ordinola se le desalojó de su tienda y se le obligó
a vender
1,500 pesos de mercaderfa a precios ínfimos, y en fin a otros se les
azo-
tó cruelmente.
Restablecido el orden en toda la provincia, las tropas del Gobierno
se establecieron provisionalmente en la Hacienda Bella Vista hasta el 7
de agosto que se embarcaron en el vapor "Supe", que lo habfa fletado
especialmente la Superioridad Militar para transportar la fuerza expe-
dicionaria.
El General Manuel Gonzalos de La Cotera, después de su retirada
de Cerro Blanco, trató de llegar a Piura, la ciudad de su nacimiento,
pe-
ro al llegar a Morropón, fe sorprende la muerte, que a juzgar por la
au-
topsia ordenada por el Ministro de Guerra, fue por muerte natural, des-
virtuando asi' la firme creencia de que había sido envenenado durante
la
travesía.
Bueno es recordar, que e^General La Cotera, desempeñó las fun-
ciones de Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de Guerra des-
de el 16 de octubre de 1879, durante el Gobierno de! General Mariano
Ignacio Prado, hasta el 22 de diciembre del mismo año, cuando don Ni-
colás de Piérola asumió la Primera Magistratura de la
Nación bajo la de-
nominación de Jefe Supremo de la República.
Los periódicos de la época, en especial "El Comercio"
del 26 de
julio de 1884, dedica unas sentidas frases sobre la muerte de tan insigne
jefe y en uno de esos párrafos, textualmente dice: "La independencia
de carácter de La Cotera era traducida como una soberbia sin límites
y
pocos tuvieron el acierto de comprenderlo. Quizá algún día
la Historia,
que no puede dejar sin puesto en sus páginas a hombres de esa altura,
haga al General La Colera la justicia que no han sabido hacerles sus con-
temporáneos, y luego añade: "Era un patriota, era un soldado
de gran
valor. La Patria pierde en él, una esperanza; ei ejército del
Perú uno de
los modelos de pundonor y bravura
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