Caída, la Confederación Perú-Boliviana, el Mariscal Andrés
de San-
ta Cruz y un grupo de sus seguidores se radicaron en Guayaquil donde
en compañía de algunos deportados peruanos, iniciaron un perfodo
de
franca hostilidad contra el Perú y Bolivía, contando en todo
momento
con el decisivo apoyo del Presidente de la República de! Ecuador, Gene-
ral Juan José Flores, hombre inquieto y autoritario, cuya obsesión
era
el ensanchamiento de su territorio, sin considerar los medios empleados.
El General Flores, influenciado por el Mariscal Santa Cruz, finan-
ció las campañas periodísticas y los planes subversivos
destinados a que-
brantar el orden interno en el Perú y creó problemas limftrofes
que
nunca existieron con anterioridad; asimismo, aprovechando de que el
Coronel Justo Hercelles se encontraba deportado en Guayaquil, planeó
y le dio todas las facilidades del caso para que organizara una expedi-
ción armada e invadiera Tumbes con el fin de iniciar un movimiento
en
todo el territorio nacional y la fecha no pudo ser mejor escogida: los
primeros días de Enero de 1842, cuando el Perú se encontraba
en cierta
inestabilidad política a causa del fallecimiento del Presidente Mariscal
Agustín Gamarra en Ingavi.
En efecto, el Coronel Justo Hercelles, al mando de una expedición
compuesta de 29 Oficiales y 100 individuos de tropa entre los que se
encontraban un Oficial y 19 soldados tumbesinos, salieron del malecón
de Guayaquil y el 3 de enero de 1842 desembarcaba en Tumbes, se pro-
clamaba Jefe Superior del Norte y el 6 de enero expedía un bando ex-
humando la Constitución de T'834 "e invitaba a los pueblos a que
cons-
pirasen en contra de las autoridades constituFdas y lo ayudasen a llevar
acabo su temeraria empresa".
Después de permanecer cerca de diez días en Tumbes, inicia su
marcha hacia el Sur, llegando a Amotape el 15, que lo ocupa, porque
las fuerzas del Gobierno lo habían abandonado. Mientras tanto el 17
lle-
gaba a Paita una expedición al mando'del Coronel Juan José Arrieta,
en-
viada por el Gobierno para combatir a Hercelles y destruir ese foco re-
volucionario. Elegida a la caleta de Coián como zona de desembarco,
reorganiza su columna y avanza hasta la Huaca a una legua y tres cuar-
tos de Amotape, pero lejos de iniciar los preparativos para un ataque,
entró en conversaciones con el jefe rebelde y firma el Tratado de Cu-
pusolá, por el cual se le daba al Coronel Hercelles y a sus Oficiales
toda
clase de garantías y se comprometía a abonarle la cantidad de
19,000
pesos por los 900 fusiles, municiones y correajes que pertenecían a
los
revolucionarios.
La actitud poco militar del Coronel Arrieta fue fuertemente cen-
surada por el Coronel Joaqum Torrico, Jefe Militar de la Provincia de
Piura. Sometido a un Consejo de Guerra lo absolvió, pero desaprobó
el
referido Tratado.
A pedido de Hercelles se le autorizó a regresar a Guayaquil, pero
faltando á su compromiso, viajó a Lima e intervino en la conspiración
militar del 5 de junio de 1842 como el principal instigador y a pesar
de ser intensamente buscado nunca fue habido. Posteriormente, el 18
de diciembre de 1842, en compañía del Coronel José Manuel
Céspedes
se subleva en Huaraz contra el Gobierno del General Francisco Vidal,
siendo derrotados el 13 de enero de 1843. Prisionero el Coronel Herce-
lles, fue fusilado el 22 de enero y su cabeza exhibida en Huaraz.
Es conveniente señalar que el Coronel Joaquín Torrico, considera-
ba al Coronel Herceiles como un acérrimo partidario del Mariscal An-
drés de Santa Cruz, sin embargo Jorge Basadre lo considera más
adicto ^
a Orbegoso. ^ j
Indiscutiblemente la expedición Hercelles contó con el apoyo
del
General Juan José Flores, asi' lo hizo constar de modo oficial nuestro
Ministro Matías León antes de retirarse de Quito y lo prueba
el hecho
de haberse alojado la tropa en el Convento de San Agustfn, de haber
contado con la cooperación de los comisarios de barrio y porque el
mis-
, mo Presidente ecuatoriano viajó a Guayaquil cuando se alistaba la
inva-
sión a Tumbes.
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