La conquista del Chinchaisuyo, en cuya jurisdicción
se encontraba
Tumbes, fue como dice Hermann Buse, "Una de las empresas más admi-
rables de la historia antigua", pero el hecho de que el Inca Pachacútec
iniciador de esta magna empresa, haya compartido la responsabilidad
del gobierno con su hijo Túpac Yupanqui, creó en los Cronistas
una
gran confusión y una falta de uniformidad en sus relatos, tal es así,
que
muchos hechos sucedidos durante la administración del padre se lo con-
sideran al hijo y por otra parte al tratar sobre la expansión del Imperio
Incaico en la costa norte, la exponen en la forma más diversa.
Don Pedro Cieza de León, en "El Señorío de los Incas"
relata^ue
estando Túpac Yupanqui en Quito tuvo aviso de la fertilidad de los
lla-
nos, de los hermosos valles que en ellos había y de lo mucho que se
es-
timaban los señores de esa comarca, por lo que determinó enviarles
mensajeros con presentes a los principales, rogándoles lo tuvieran
como
amigo y compañero, porque él no quería darles guerra,
si ellos quisieran
la paz" y luego continúa, "corno prueba de su amistad, llegaría
a esas
comarcas con las mismas ropas que usan los del pueblo, y aún más
les
daría algunas de sus mujeres, ropa y él tomaría algunas
de las suyas".
La noticia se propagó rápidamente por toda la costa y "como
no
era cruel ni sanguinario, ni hacía daño sino a los cavilosos
y a los que
querían oponérsele" y además como "loaban las
costumbres y religión
de los del Cusco, a los orejones los consideran como hombres santos y a
los Incas como hijos del Sol o que en estos había alguna deidad",
mu".
chos caciques sin haber visto sus banderas tomaron su amistad y se lo
enviaron a decir con sus propios embajadores, con los cuales le enviaron
muchos presentes y le rogaban quisiera venir a sus valles a ser servido y
holgarse de ver sus frescuras".
"Como el rey Túpac Inca determinase ir a los valfes de los llanos,
para atraer a su servicio y obediencia a los moradores de ellos, bajó
a
Tumbes, donde fue honradamente recibido por los naturales a quienes
Túpac Inca mostró mucho amor, luego se puso el traje que ellos
usaban
para contentarlos y alabó a los principales, el querer sin guerra tomarlo
por Señor y prometió tenerlos y estimarlos como a sus propios
hijos.
Ellos contentos con oir sus buenas palabras y manera como se les tra-
taba, dieron la obediencia con honestas condiciones y permitieron el
nombramiento de gobernadores y la construcción de edificios".
Sir Clements R. Markhan, basándose en las crónicas de Balboa
y de
Sarmiento considera que Tumbes fue conquistado por Túpac Yupanqui ,cuando
dice: "Después de la conquista de la Isla de Puna por Túpac
Yu-
panqui, el puerto de Tumbes, al sur de Guayaquil fue transformado en
una estación naval y luego agrega, que mientras descansaba en Tumbes,
tuvo noticias que mar adentro habían unas islas llamadas Hagua Chumpi
y Nina Chumpi, a las que decidió conquistar, para lo cual ordenó
a sus
soldados que fabricaran una inmensa flota de balsas que consistían
en
maderos colocados sobre odres henchidos de aire y amarrados unos a
otros, en los que embarcó a un gran destacamento de su ejército
y dejó
una parte en Tumbes esperando su vuelta. Como el Inca Túpac Yupan-
qui era un varón de grandes empresas, resolvió probar fortuna
en el mar,
pues sus operaciones en tierra constituyeron una cadena de éxitos sin
paralelo en la historia de los incas, y de volver sano y salvo de tan teme-
raria empresa, convencería a sus subditos de que para él, nada
era impo-
sible. '
Navegando con rumbo hacia el Oeste, muy pronto desapareció en
el horizonte, ante los ojos de sus subditos que contemplaban la flota
desde los cerros que rodeaban a Tumbes porque era la primera vez que
presenciaban una campaña marítima.
Después de nueve meses de ausencia, el Inca regresó a tierra
firme
trayendo una serie de trofeos que fueron transportados al Cusco.
Por último para no citar otras opiniones, sólo me resta indicar
que
Víctor W. von Hagen en "Los Reinos Desérticos del Perú",
afirma que
Tumbes fue conquistado por Auqui Yupanqui y Tilica Yupanqui, gene-
rales del Túpac Yupanqui, cuando éste les ordenó que
para atacar el rei-
no Chimú, era necesario hacerlo desde Tumbes e ir conquistando terri-
torio a medida que avanzasen, mientras tanto el mismo Túpac Yupan-
qui al mando de un poderoso ejército descendía por las montañas
con
el mismo fin.
En cambio, Garcilaso de la Vega en sus "Comentarios Reales" di-
ce que Huay na Cápac, después de haber permanecido dos años
en Quito
ennobleciendo aquél reino con suntuosos edificios, mandó organizar
un
ejército de 50,000 hombres y con ellos marchó al valle de Sullana,
que
es el más cercano al de los Tumpis, y desde allí les envía
los requeri-
mientos acostumbrados de paz o de guerra. Respondiéronle que de bue-
na gana le obedecían y recibían por señor y ante tal
ofrecimiento el
Inca hizo su ingreso a Tumbes en el año de 1490 y dispone la construc-
ción de una hermosa fortaleza, un templo para el Sol y una casa para
sus vírgenes escogidas, donde hizo colocar a más de doscientas
mujeres,
las más hermosas que se hallaron en la comarca, hijas de los principales
del pueblo. Luego se interna tierra adentro para castigar a los que mata-
ron a los ministros de su antecesor, su padre Túpac Yupanqui y dirigióndose
a Quito deja como seguridad en Tumbes una parte de su fuer-.
za.
Nuevamente el Inca se decide visitar todo su Imperio y abandonan-
do Quito, se dirige al Cusco, donde después de permanecer cuatro años,
ordena que 50,000 hombres procedentes del Chinchaisuyo, se concen-
tren en Tumbes para ampliar su Imperio y conquistar la Isla de Puna;
mientras tanto el Inca con un gran séquito, regresa por el camino de
los
llanos a reunirse con el ejército que habfa organizado.
Desde Tumbes, envía sus emisarios donde el cacique Túmbala de
la Isla de Puna con los requerimientos de paz o guerra y los naturales,
lamentándose de las pocas fuerzas de que disponían para resistir
a las
poderosas tropas del Inca y además viéndose desamparados para
mante-
ner su libertad, aceptaron, aunque de mala gana la propuesta de paz y
sumisión.
El Curaca Túmbala y sus principales Jefes visitan al Inca y lo invi-
tan a pasar a la Isla, donde se le recibió con mucha solemnidad. Huayna
Cápac después de dar unos consejos a los pobladores y dictar
las disposi-
ciones de rigor, regresa a Tierra, dejando en la Isla a ciertos capitanes
para enseñar las costumbres del Imperio; pero los naturales que no
se
resistían a perder su libertad, aprovechando uno de los viajes que
de la
Isla a Tierra hacían esos'delegados del Inca, los mataron en el mar,
pro-
cediendo de igual manera con aquellos que se quedaron en la Isla.
Este desleal comportamiento de los isleños provocó la ira del
Inca
y procedió a reprimir el delito cometido, en forma semejante a como
ellos habían procedido.
Pacificada así la Isla, ordenó a todos los pobladores obedeciesen
a
su Gobernador que estaba en la Fortaleza de Tumbes, y cuya jurisdic-
ción abarcaba la Isla de Puna, el país de los huancavilcas (Guayas)
y
Tumbes que lo erigió en cabeza de los llanos.
El Inca antes de salir de Tumbes con dirección al Cusco, recibió
la
visita de los caciques de aquellas provincias de la Costa que estaban suje-
tas a su obediencia, trayéndoles grandes regalos y entre eltos un tigre
y
un león muy fieros, que ordenó se los guardasen y mantuvieran
con mu-
cho cuidado; luego dicta sus últimas disposiciones para la paz y la
gue-
rra iniciando su visita al Sur.
Después de algunos años de ausencia, retornó a Tumbes,
donde se
estaba concentrando un poderoso ejército para conquistar las poblacio-
nes ubicadas al Norte de dicha ciudad, pero estando en la Provincia de
los Cañaris para ir a Quito y de allí bajar a la Costa, le avisaron
que los
Chachapoyas se habían sublevado y dado muerte a los Gobernadores y
Capitanes del Inca.
Huayna Cápac ordenó que la gente que se estaba concentrando
en
Tumbes se dirigiera a Chachapoyas para dar un fuerte y merecido casti-
go a los culpables, pero éstos conocedores de la ira y enojo del Inca,
en
la creencia de que no iban a ser perdonados por más que se le implora-
sen, optaron por abandonar el pueblo, pero un grupo de mujeres entre
las que se encontraba una concubina de su padre le interceptó el camino
al Inca y le imploró misericordia para sus padres, esposos e hijos,
por lo
que el Inca magnánimo, accedió de muy buena gana al pedido.
En el mismo lugar que se realizó la entrevista, los chachapoyanos
lo consideraron como lugar sagrado, pues ni los hombres, animales y
aves podían posar sus plantas en ese recinto que fue cercado, pero
la
codicia de los españoles hizo que fuera destruido en la búsqueda
de te-
soros.
Pacificada la Provincia de Chachapoyas, regresó a Tumbes para
desde allí iniciar la conquista de Manta con su Puerto llamado por
los
españoles Puerto Viejo, luego continuó a Caranque y Passau,
regresando
muy disgustado por la mala disposición que tenían los de este
lugar para
tratar de mejorar, por lo que el Inca, dijo: "Volvamos que estos no me-
recen tenernos por Señor", en esta forma se fijó el Ifmite
Norte del Im-
perio, pues nuevamente opta por regresar al Cuzco, donde después de
cuatro años, al pasar por Tumbes resuelve algunas diferencias entre
los
principales de los distintos pueblos y los magos en sus pronósticos
salie-
ron con algunos malos agüeros que entristecieron al Inca.
Al llegar a Quito, no sin antes haber castigado en forma ejemplar a
los de la Provincia de Caranque, que habfa desconocido la autoridad del
Inca manifestó tener nuevas noticias de Tumbes; "La mar había
echado
unos monstruos marinos y que hombres con barbas andaban a la orilla
del mar en casas grandes".
ubievación de los TUMPIS.
Estando Huayna Cápac en Tumebamba en lo que es ahora la ciu-
ad de Cuenca (Ecuador), fue informado que el cacique de Tumbes se
abía sublevado desconociendo su autoridad.
^El Inca al mando de un poderoso ejército bajó a los llanos
de la
ta a fin de someter nuevamente al cacique a su autoridad, pero no le
fácil la empresa, toda vez que encontró una obstinada resistencia
por parte de los naturales de Tumbes, en la que casi estuvo en peligro
su propia vida; pero su ejército mejor/organizado y más numeroso,
lo-
gró apoderarse de la fortaleza que era el principal foco de resistencia,
erminando asi' con la sublevación de los Tumpis.
Pacificada toda la comarca, castigó a todos
los responsables de es-
tos sucesos.
Invasión de Atahualpa y destrucción de Tumbes.
Cuando murió Huayna Cápac en 1523, el Imperio Incaico debería
quedar en manos de Huáscar que era el hijo legítimo y primogénito
del
Inca. Pero llevado por el gran cariño que le tenía a su hijo
Atahualpa
dividió el Imperio entre los dos: Cusco para Huáscar y Quito
para Ata-
huallpa. <
Este ilógico reparto concitó la envidia de Atahualpa quien trata(
por todos los medios de adueñarse del Imperio, originándose
una guerra
civil entre ambos bandos, i
La mayoría de los curacas, entre los que se encontraba Chilimasai
de Tumbes tomaron el bando de Huáscar y los otros en especial Túmba-
la de la Isla de Puna, los eternos rivales de los Tumbesinos, tomaron el
de Atahualpa. ,
Rencoroso Atahualpa de los Tumbesinos a quienes los llamaba co-|
mo "perros Tallanes" invade con sus huestes el territorio, mata
a sus
principales gentes y del cuerpo de cada difunto como escarnio fabrica
un tambor, luego se retira para atacar a su hermano pero lo que en reali-
dad buscaba era darle la oportunidad para que los Puna, aprovechando
el caos y confusión que reinaba atacasen Tumbes, y arrasasen la ciudad,
como que así sucedió.
.En esta acción se llevaron a la Isla más de 600 prisioneros
entre los
que estaban Alonso de Molina, según consignan algunos historiadores.
Cuando retornaron las tropas de Atahualpa los Isleños se retiraron
dejando la ciudad completamente destruida, que es como la encuentran
los españoles en 1532.
Pero Atahualpa déspota y sanguinario, que no confiaba ni en uno,
ni en otro, nombra como Gobernador de Tumbes y Puna a un orejón de
su corte, a quien le rindieron sumisión y vasallaje los dos curacas
por te-
mor a las iras del Inca Atahualpa.
Luego se retira de Tumbes, llegando finalmente a Cajamarca. Es-
tando el Inca en Huamachuco, dice Sarmiento: "Que recibió la visita
de dos indios lailanes enviados por los curacas de Payta y Tumbes para
avisarle la presencia de gente extraña con barbas, que traían
extraños
animales como carneros grandes; que creían que el mayor de ellos era
Viracocha y que traía muchos viracochas, como quien dice muchos dio-
ses. Atahualpa al escucharlos holgóse mucho y creyó era el Viracocha
que venía como les había prometido cuando se fue y dio gracias
porque venia en su tiempo tornó a enviar los mensajeros lailanes dando
gracias
a su curaca por el aviso y mandándoles le avisasen de lo que sobre
aquél
caso sucediese".
Ciertos escritores consideran que los tumbesinos "Sumisamente
contemporizaron, no osando resistir al Incario", que "Los versátiles
ca-
ciques tumbesinos reciben alborozados el nuevo orden" y aún más
aña-
den "No pudieron repeler el empuje quechua, les faltó casta guerrera".
Grave error, pues al expresar tales opiniones no han tenido en cuenta
los efectivos, el grado de entrenamiento, las posibilidades de las fuerzas
oponentes, etc. Los Tumpis conocían que el Ejército del Inca
al cual te-
nían que enfrentarse era inmensamente superior a toda la población
considerando a los ancianos, mujeres y niños; que estaba muy bien dis-
ciplinado y que disponía de los medios de lucha en cantidad suficiente.
Por otra parte, los tumpis también conocían la forma brutal
y salvaje
como los Incas sojuzgaban a las poblaciones que se oponían a sus re-
querimientos de paz y aún más su permanente estado de guerra
con los
de ¡a Isla Puna, influyó en el ánimo de los caciques para
aceptar inicial-
mente la dominación del Cuzco, pero años más tarde se
sublevaron con-
tra este yugo y es el mismo Inca que al tratar de debelar la acción,
su vi-
da estuvo en peligro.
Tumbes en las postrimerías del siglo XIV llegó a ser el principal
puerto naval y comercial del Imperio Incaico, y desde él, operaba una
gran flota de balsas a vela que recorrían las costas de las actuales
Repú-
blicas del Ecuador, Centro América y Colombia, para realizar sus ope-
raciones comerciales.
Aquellas balsas eran construidas con palos o troncos gruesos uni-
dos fuertemente unos a otros mediante sogas de henequén, con másti-
les de finas maderas, velas de algodón, quilla y un grueso timón,
además
unas grandes piedras le servían de ancla en los casos necesarios. Este
ti-
po de embarcación era apta para navegar en alta mar y como los tumbe-
sinos eran unos expertos navegantes, se alejaban de la Costa para evadir
las zonas tempestuosas o en busca de buenos vientos para impulsar sus
naves.
Tumbes, como muy bien lo dice Buse en la "Historia Marítima del
Perú", era un estado enclavado entre dos vecinos belicosos: el
del Nor-
te, los cañaris, pocos cultos y muy belicosos y por el Sur, con los
no
menos belicosos, los chimúes, pero más adelantados culturalmente,
de
allí que conservaran una cierta independencia que la mantuvieron hasta
la llegada de los españoles.
La ciudad disponía de toífó lo que puede tener una gran
ciudad:
su Templo del Sol, alojamientos para el Inca, grandes personalidades y Vírgenes
del Sol y su valle era densamente poblado, alcanzando la agri-
cultura un gran adelanto porque con la extensa red de canales y ace-
quias sacaban del río la cantidad de agua que necesitaban, cosechando
sin mayor esfuerzo todo lo que sembraban.
Inicialmente los pobladores adoraban al jaguar y al puma y poste-
riormente al sol y a la luna; como vestido, los hombres usaban mantos
y camisetas y las mujeres capuces y albornoces confeccionados con al-
godón que ellos mismos sembraban y cosechaban en la cantidad que era
menester, en la cabeza llevaban unos adornos de lana o algodón o de
oro
y plata y en algunas ocasiones llevaban unas cuentas muy menudas lla-
madas chaquiras.
El comercio durante la dominación chimú, fue organizado en for-
ma privada, no interviniendo en consecuencia la comunidad; pero du-
rante la dominación incaica estaba totalmente en manos del Inca y en
las transacciones intervenían los miembros de la aristocracia imperial,
razón por la cual Baudin haya sostenido que "los habitantes perdieron
el espfritu de iniciativa y el comercio entró en decadencia".
En forma
general el comercio consistía en el trueque de objetos de oro y plata
finamente labrados, de tejidos de lana y algodón con vistosos dibujos,
así como frutas, pescado y sal por piedras preciosas, conchas blancas
y
rojas que las empleaban en las ceremonias religiosas, en adornos o en los
fardos funerarios de la clase dirigente.
En cuanto al comercio interno, sólo se comerciaba lo que excedía
después de satisfacer las necesidades de la población, en consecuencia,
Tumbes por ser pueblo costero, destinaba su excedente al trueque que
generalmente consistía en pescado seco y salado, moluscos y algas seca-
das al sol por minerales, lanas, llamas, plumas de aves, etc. Este negocio
según Cieza de León: "le producía a los indios tumbesinos
bastantes be-
neficios, pues con el comercio que tenían principalmente con la sierra
han sido siempre ricos", y con respecto al petróleo, que afloraba
en for-
ma natural en el suelo, fue conocido por los antiguos peruanos con el
nombre de "copé" y lo empleaban en la impermeabilización
de pisos,
para la celebración de sus fiestas y ceremonias, para la preparación
de
sus momias y aún para pintarse sus cuerpos, según nos cuenta
el Padre
Acosta en su "Historia Natural y Moral de las Indias".
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