Tumbes Durante la Guerra del Pacifico

Tumbes, separado por extensos arenales con Piura Capital del De-
partamento al cual pertenecía y comunicado tan sólo por la vía maríti-
ma con los puertos del Perú, mediante buques que cada 45 días llegaban
a sus costas, supo que Chile le había declarado la guerra a nuestra Patria, recién el 23 de abril, es decir con un retardo de 18 días, y no preci-
sámente por intermedio de las autoridades políticas del Departamento,
sino por la lectura de unos periódicos de Guayaquil traídos en un vapor
inglés que había anclado en la rada. i cor
Ante tan inusitada noticia, el Alcalde Accidental del Honorable res
Concejo Provincial de Tumbes D. Serapio Rodríguez, en representación
del titular D. Teodoro Taboada que se encontraba enfermo, presuroso
reunió a las autoridades, concejales y personas notables del lugar para
"acordar las medidas por adoptar ante el inminente peligro que amena-
zaba a la Nación" qu
Días después el Concejo Provincial, ponía a disposición de la junta
Administradora de Donativos para la Guerra que funcionaba en la Capi-
tal de la República, los fondos que estaban destinados para la construc-
ción del malecón de protección de la ciudad de los desbordes del río
Tumbes, pues con muy justa razón los tumbesinos consideraban que
cualquier obra pública debía posponerse cuando está de por medióla
defensa de la Patria; bello ejemplo que debe imitarse, y debemos resal-
tar que ese mismo malecón o-muro de cemento que se iba a construir
en 1879, fue terminado y puesto en servicio en 1935, durante el Go- .
bierno del Mariscal D. Osear R. Benavides, es decir después de más de .
medio siglo de proyectada la obra. bli
Pero un hecho que debe llenar de legítimo orgullo a los tumbesi-
nos fue la forma patriótica y alturada como el pueblo, a pesar de no dis-
poner de tropas de línea, organizó la vigilancia de sus costas, ante la po-
sible llegada de barcos de guerra de la escuadra chilena.
En efecto, el 26 de setiembre, bajo la presidencia del Subprefecto de la provincia, se reunieron en el local de la Subprefectura, las autori-
dades y vecinos notables del lugar y acuerdan:
- Constituirse cada uno de ellos por turno y tiempo determinado en
el Puerto de la Cucaracha, con el objeto de hacer servicio devigilancia activa que las circunstancias exigen y mientras las autorida-
des puedan llenar cumplidamente sus deberes.
- Despachar a su costa un posta al Señor Prefecto del Departamento
para que a la brevedad posible resuelva los puntos que con este fin
le consultara el señor Subprefecto. Esta actitud la tomaron por-
que las autoridades marítimas directamente llamadas a cumplir
con ese deber, no podía satisfacer debidamente esas exigencias del
servicio, dando lugar a que el puerto permaneciera abandonado y
expuesto a las hostilidades.
Esta vigilancia fue complementada, con los puestos establecidos en
"Caleta Noel" y "Zorritos", a cargo de la Guardia Nacional y bajo el
control y responsabilidad de los gobernadores de Zarumilla y Corrales,
respectivamente.
Los partes que rigurosamente llegaban al local de la Subprefectura,
convertido en un eventual Puesto de Comando, revelaban el sentido de
responsabilidad y patriotismo del personal civil.
Como es lógico suponer esos puestos establecidos a lo largo de la
costa, tenían como misión, la vigilancia del litoral y no estaban destina-
dos para la defensa, toda vez que no contaban con los medios adecua-
dos, disponían tan sólo del escaso armamento de propiedad del personal
que estaba de facción, motivo por el cual, el 3 de noviembre de 1879,
ancló en el puerto el buque de guerra chileno "Amazonas" y exigió a las
autoridades locales la entrega de abastecimientos y pertrechos por un
valor de 1,600 soles peruanos, que el Concejo tuvo que abonar a los co-
merciantes del lugar previa presentación de las planillas respectivas, y
no porque éstos exigieran el pago, sino porque el Concejo conocía la
aflictiva situación económica de los pobladores, la que se agravó con la
disposición dada por el Gobierno el lo de setiembre de 1880 al enviar
un Apoderado Fiscal, D. Ramón Sánchez Villalta, con el especial encar-
go de obligar a como dé lugar, el pago de impuestos, particularmente los
de la renta y remitirlo con la urgencia del caso a la Capital de la Repú-
blica.
Por otra parte en un desembarco que realizó la tripulación de la re-
ferida nave, incendió sin causa justificada la lancha "Tusal" de propie-
dad del Alcalde D. Teodoro Tabeada, que se encontraba fondeada en la
rada de Tumbes. 'r
M. Vegas Castillo en su artículo "El aporte de Piura a la vida eco-
nómica nacional", dice: "Durante la guerra con Chile, Zorritos y la fa-
ma de su riqueza mineral no podían escapar a su afán demoledor y el
crucero "Amazonas" incendia y destruye instalaciones y maquinarias, sembrando la ruina y desolación donde antes floree tan las espectativas
más risueñas".
Esa conducta ejemplar del pueblo tumbesino al asumir por su pro-
pia cuenta la vigilancia de su litoral, ratificaba una vez más su forma
normal de actuar, así era como resolvía cualquier problema que en el
ámbito nacional o en el internacional se le presentase y podemos cons-
tatarlo, allá por los años de 1830, cuando la Gran Colombia pasaba por
momentos difíciles, Tumbes coopera generosamente con ganado, dinero
y especies para aliviar en algo aquella situación caótica que vivía y en
1859, ante una amenaza de invasión ecuatoriana, el Comandante Gene-
ral de la División de Operaciones del Norte, ordena al Gobernador de
Tumbes "que excitando el sentimiento patriótico de los vecinos de ese
pueblo, concurra en defensa de sus propios hogares" y ante la presencia de
fuertes efectivos "emprender la retirada, destruyendo e inutilizando an-
tes, los caminos y tránsitos de la marcha del enemigo, quitándole al mis-
mo tiempo todos los recursos de cualesquiera naturaleza que sean y que
pudieran favorecerlos o emplearlos en su servicio". Estos dos ejemplos,
para no citar más, revelan el espíritu generoso y el sentimiento patrióti-
co de un pueblo que siempre estuvo y está dispuesto a seguir mante-
niendo muy en alto el orgullo nacional.
Aún más, el pueblo tumbesino, al conocer el resultado del Comba-
te Naval de Angamos y la muerte gloriosa del Caballero de los Mares,
Contralmirante Miguel Grau, inicia una erogación pública y reuniendo
561.00 soles, los envía a Lima para cooperar en la compra de un blinda-
do que llevara el nombre de nuestro Almirante; mientras tanto el Con-
cejo cooperaba con los gastos que se hicieron en memoria de tan ilustre
marino.
Como una anécdota de gran valor histórico debo señalar que a fi-
nes del siglo pasado, el pueblo de Tumbes pensó perennizar la hazaña
del Gran Almirante Miguel Grau y de su legendario Monitor, para lo
cual la Comuna debería construir una gran cruz que pudiera ser vista
desde cualquier punto de la ciudad, pero al no poderla ejecutar en la
forma deseada, debido a la poca disponibilidad de recursos económicos,
se trazó sobre la misma ciudad una gran cruz que la formó con la inter-
sección de dos de sus principales calles, que las llamó: GRAU y HUÁS-
CAR.- Muchas calles han cambiado de trazo, de nombre, pero éstas se
mantienen inalterables por tradición.
Por último tres hechos rubrican el año de 1879: la protesta de la
ciudadanía tumbesina por el injustificado viaje al extranjero que hace
el Presidente de la República General Mariano Ignacio Prado y que se
traduce por la suscripción de un acta que se firmó por los principales ciudadanos; la aceptación y proclamación de don Nicolás de Piérola co-
mo Jefe Supremo de la Nación con facultades onnfmodas y la acota-
ción en personal que tiene que hacer la provincia en cumplimiento del
Decreto Supremo del 26 de diciembre, motivo por el cual tuvo que
proporcionar 81 jóvenes, lo que le representó el 15.4o/o de la pobla-
ción en condiciones de tomar las armas en defensa de la Patria; fatal-
mente esas relaciones aún permanecen en el mundo de los documentos
desconocidos esperando que un estudioso los encuentre para que les
dé la debida difusión.
Como muchos departamentos del Perú estaban totalmente des-
guarnecidos, el Gobierno ordenó el 14 de enero de 1880 la organización
de Unidades de Reserva y Tumbes, cumpliendo con sus deberes cívicos
y patrióticos, procede con la celeridad del caso a organizar un Batallón
y un Escuadrón a base de civiles, siendo la oficialidad escogida entre los
ciudadanos que "reuniesen las cualidades de honradez, inteligencia y pa-
triotismo, decididas afecciones al Supremo Jefe del Estado y decisión
completa para defender el honor nacional a donde quiera que las cir-
cunstancias de la guerra los lleve".
El Batallón de Reserva al mando de don José Noblecilla estaba for-
mado a base de seis compañías y el Escuadrón al mando de don Gabriel
Ordinola estaba constituido tan sólo por dos compañías. El personal de
estas Unidades, normalmente no estaba acuartelado y se reunía para
realizar ejercicios militares o cuando se presentaba una situación de ca-
rácter muy especial,
Como otra medida de seguridad, el Departamento de Piura fue di-
vidido en seis zonas correspondiendo la primera al distrito de Tumbes
con Corrales y los caseríos de Máncora hasta Fernández, la Hacienda
Plateros y los caseríos de San Juan de la Virgen, Cabuyal, Cerro Blanco,
Garbanzal, Hospital, Malpaso, Pedregal, Polvareda, Tacural, Zarumilla,
Guachapelí, Lamederos, Lechugal, Palmas y Papayal, nombrando como
jefe de esta primera zona al Teniente Coronel de Ejército don Nicolás
Orfila y por último el 15 de julio del mismo año, el Gobierno dispuso el
llamamiento de todos los hombres hábiles desde los 16 a los 60 años de
edad para que recibieran instrucción militar.
1 Esta instrucción militar fue muy bien aprovechada por la pobla-
ción, pues tuvieron la oportunidad de demostrar lo que habían aprendi-
do el 17 de Junio de 1882,.cuando los tumbesinos al mando del Gober-
nador Político don Jacinto Seminario Fernández, dando un ejemplo de
patriotismo que muy pocos conocen, rechazaron en los bosques de La
Condesa a las tropas ecuatorianas, que al mando de! General Levan, rea-
lizaron una incursión armada a nuestro territorio, alentada quizá por una concentración de chilenos en nuestra frontera, o quizá al acuerdo
formal a que llegaron en Quito el Presidente Veintemilla con el Plenipo-
tenciario chileno Joaquín Godoy, para atacar Tumbes, tan pronto se le
indicara la fecha en forma oportuna; y su origen radicó en el hecho de
que cuando el ejército chileno ocupó nuestra Capital, se apoderó de to-
dos los archivos oficiales, encontrándose en los de la Cancillería una car-
ta que don Domingo Vivero, Secretario de nuestra Legación en Quito,
le dirigía al Ministro en Lima Pedro José Calderón, en el que le hacía
saber de su intervención en unos planes para derrocar al Presidente del
Ecuador, situación ésta, que la aprovechó Godoy para lograr una situa-
ción de peligro en nuestra frontera Norte.
Este hecho de armas que se realizó cuando el país sufría las funes-
tas consecuencias de una invasión, constituye otra de las páginas glorio-
sas de la Historia de Tumbes, porque el pueblo mismo rechazó a un in-
vasor que en su retirada dejó regadas en nuestro suelo sus armas y equi-
pos que luego fueron exhibidos como trofeos de guerra.
Como consecuencia de esta acción, resultó gravemente herido el
Jefe de las fuerzas peruanas, señor Jacinto Seminario Fernández, quien
a pesar de los intensos cuidados prodigados "pagó su tributo de sangre,
heroicamente, arrastrando con orgullo su invalidez por todo ei resto de
su vida y además se estabilizó como línea limítrofe entre los dos países
al río Zarumillay
Como un merecido homenaje al héroe de aquella jornada, vamos a
exponer algunos datos sobre su recia personalidad.
Si bien es cierto que Jacinto Seminario Fernández, hijo legítimo
de don José Seminario y de doña Martina Fernández, no fue tumbesino,
a pesar de que en su partida de defunción figura como tal, desde muy
joven se radicó en Tumbes, donde integró el círculo de los mejores ele-
mentos de la ciudad.
De vasta ilustración, era un fogoso y brillante orador, un notable
periodista y de un valor y patriotismo a toda prueba. Militante del Par-
tido Demócrata, fue Alcalde, Diputado Suplente, Promotor Fiscal, etc.
por donde pasó, dejó el sello de su pujante personalidad, de su vasta
erudición y de una honradez inmaculada.
Fue autor del "Himno a Tumbes", bella pieza musical dedicada a
recordar las provincias cautivas de Tacna y Arica, y para los tumbesinos
de aquella época constituía un verdadero himno que siempre lo canta-
ban en todas las actuaciones, después de cantarse el Himno Nacional.
Asimismo fue autor de una Alocución a la Batalla de Ayacucho que lo
recitó el 9 de diciembre de 1924 en la Municipalidad de Tumbes con
motivo del Centenario de esa acción de armas que selló la libertad de América y que mereció los más grandes elogios no sólo por parte de los
presentes, sino de la prensa capitalina.
La muerte de este insigne patriota a avanzada edad, el lo de julio
de 1938, produjo en toda la población un sentimiento de pesar que se
reflejó en el acompañamiento fúnebre; sus restos descansan muy mo-
destamente en el Cementerio General de Tumbes.- Cuartel San Jóse.
Nicho NO 9-, en espera que la Comuna le levante un mausoleo que con
mucho derecho lo tiene ganado. -
Muy justo es también recordar a un genuino tumbesino, el Capi-
tán graduado don El fas Bodero Rodríguez, hijo del General ecuatoria-
no Guillermo Bodero Franco y de doña Juana de Dios Rodríguez, quien
el 26 de Mayo de 1880, en el Campo del Alto de la Alianza, salió herido
cuando la batería de artillería que él comandaba, iniciaba un cambio de
posición de acuerdo a las órdenes recibidas.
El Parte Oficial de aquella acción, fechado en Tacna el 30 de Mayo
de 1880 y firmado por el Coronel Arnaldo Panizo, comandante de la
artillería, al referirse al Capitán El fas Bodero dice: "La primera batería
que había estado a retaguardia y en terreno más elevado, al cargar sir
material para seguir a la segunda, fue vfctima su tropa y sus acémilas,
del nutrido fuego enemigo y a pesar de la serenidad y empeñoso interés
del jefe de la brigada Teniente Coronel don Domingo Barboza, de su
Capitán, Sargento Mayor graduado don Manuel Carrera y demás oficia-
les de la batería por salvar sus piezas, todo empeño fue imposible, que-
dando herido el Capitán graduado don El fas Bodero".
Fatalmente el Parte que comentamos, no consigna la naturaleza de
la herida recibida, pero por fuentes que son motivo de confirmación, se
conoce que el Capitán Bodero, se encontraba imposibilitado de conti-
nuar las operaciones y que murió en Tacna,-siendo sus restos sepultados
en el Cementerio de la localidad.
Pero un episodio de trascendental importancia para la Historia de
Tumbes, es el relacionado con los desembarcos de importantes cantida-
des de armamento, burlando a la escuadra chilena que ejercía un estric-
to control sobre el litoral.
Prácticamente, la única vfa libre que teni'a el Perú para que pudiera
llegar a sus puertos el poco armamento que podía adquirir en Europa
era la de Panamá, para luego, tomando todas las precauciones necesa-
rias, embarcarlo en buques especialmente fletados y desembarcarlos fur-
tivamente en algún lugar de^la costa.
Tumbes, por la naturaleza de sus costas, fue uno de los lugares más
apropiados para realizar este tipo de operaciones y es asF como el 3 de
junio de 1880, llegaba a la rada la goleta colombiana "Estrella de Panamá" guiada por unos barquichuelos de pescadores peruanos que habían
salido a la mar a interceptarlo y ponerlo en consecuencia fuera de todo
peligro.
El cargamento que consistfa en 78 cajones de rifles, 560 cajones de
munición Peabody, 19 cajones de munición Remington, 4 cajones de re-
puestos y 11 cajones de bayonetas, fue desembarcado y conducido a Li-
ma el 1o de julio por don Miguel R. Frfas, comisario de Paita y por el
señor Baltazar Mesones.
El Comandante de la Escuadra chilena que bloqueaba nuestro pri-
mer puerto del Callao, al conocer el viaje de la referida goleta, despachó
a la corbeta "0'Higgins" en su búsqueda, pero después de 18 días, esto
es, desde el 16 de Mayo hasta el 3 de junio, tuvo que abandonar la pes-
quiza por haber perdido de vista a la nave que afanosamente buscaba.
Es conveniente recordar que las autoridades del lugar, habían esta-
blecido los planes correspondientes para ejecutar cualquier tipo de ope-
raciones de desembarco en el menor tiempo posible, pero cuando se
constató en cierta ocasión que la vigilancia de la escuadra invasora había
decaído notablemente, se prefirió desembarcar un lote de armamento
por la Caleta de Máncora, embarcarla en un barco de bandera española
"José Ramón" y llevarla hasta Supe, para luego por tierra conducirla
a Lima.
Otro caso digno de mencionarse, es el sucedido en los primeros
días de julio de 1880, con la barca de bandera portuguesa "GUADIA-
NA" que portadora de un gran cargamento de armas destinadas a nues-
tra Patria, burló la estrecha vigilancia del Crucero chileno "Amazonas",
logrando ingresar a los esteros de Tumbes y desembarcar su valiosa car-
ga que a juzgar por los informes proporcionados por el Cónsul de Chile
en Guayaquil, consistía en 7,000 rifles, 2*000,000 de cápsulas y 36
ametralladoras.
El Comando del "Amazonas", deseoso estaba de capturar la pre-
ciada carga, para lo cual era necesario conocer con toda exactitud el lu-
gar de desembarco y el destino final de la carga, para poder interceptar-
la en un punto determinado, mediante un audaz .golpe de mano; feliz-
mente, los tumbesinos sacaron a relucir las habilidades de sus anteceso-
res y en tiempo verdaderamente corto, descargan el citado barco y
transportan la carga al interior de la República en 400 ó 500 muías que
habían logrado reunir, según informa el tantas veces citado Cónsul.
El Comando chileno contó con la desleal cooperación del contra-
mestre del "Guadiana", quien desertándose de su buque, cuando éste
recaló en Guayaquil, se presenta voluntariamente al Consulado y pide una razonable compensación en dinero, a cambio de revelar ciertos se-
cretos de suma importancia.
El desertor, un griego llamado Nicolás FIórez, después de hacer los
arreglos con el Comandante del "Amazonas", llegó a Tumbes acompa-
ñado de dos tripulantes chilenos, con el fin de cooperar con el trabajo
por hacer, pero la realidad era para vigilarlo por cierta desconfianza que
wbia despertado. La misión no se cumplió porque al día siguiente de su
Segada, fueron hechos prisioneros y llevados a la Cárcel Pública, donde
^spues de una sumaria investigación fue ejecutado el contramaestre, y
s chilenos puestos en rústicas celdas logran escapar a Guayaquil, apro-
¡chando la escasa vigilancia y la falta de seguridad.
Las hazañas que acabamos de señalar, ponen en evidencia una vez
as el espíritu de entusiasmo y patriotismo que siempre han animado a
s tumbesinos, entusiasmo y patriotismo que se remonta a fas lejanas
locas de) descubrimiento, se cimienta durante el Virreynato y alcanza
f máxima expresión durante esta infausta guerra y demostraron a to-
i los peruanos que también es posible defender a la Patria cuando se
fie a disposición de ella los conocimientos de los pobladores y los
iterios que encierran sus esteros, de allf que .los marinos de aquella
xa, en especial los chilenos, lo hayan llamado "El Puerto del Miste-
E porque todo buque chileno que persegufa a un mercante nacional
ranJero para apoderarse del armamento que celosamente guardaba
is bodegas, perdfa el rastro misteriosamente en las costas del De-
mento, y en la creencia de lo difícil y aún imposible que era la lle-
- gada a los esteros de buques de regular calado, continuaban infructuo-
Rente su búsqueda hacía Paita o más al Sur.
En el segundo año de esta guerra. Lima, nuestra tres veces corona-
J'udad de los Reyes fue escenario de dos batallas: la de San Juan y
e Miraflores, el 13 y 15 de Enero de 1881 y una Unidad que intervi-
u, no en forma activa y decidida por cumplir con la misión que se le habfa
ofcomendado fue el "Batallón Piura" NO 67, constitufdo integramente
^oTgente del Departamento de Piura y entre éstos se encontraban entre
H^)S: el Teniente Enrique Vásquez y Manuel Arellano, ambos de Tum-
bes, conjuntamente con Maximiliano Benites Naranjo y Benigno Reyes
"" and del distrito de Corrales.
El citado Batallón llegó a Lima el 2/de Julio de 1880, llamando la
ición por su uniforme y armamento de primera clase. Después de
¡hpletar su instrucción militar, participó en la batalla de San Juan,
ando parte del Tercer Cuerpo de Ejército al mando del Coronel
i Pastor Dávila, que ocupaba Junto con el Batallón Libertad, Caza-
dores de Cajamarca, Cazadores de Junín y Batallón 40 de Reserva el ala"
izquierda del dispositivo de defensa.
El Comando al constatar que este sector habfa sufrido numerosas
bajas, ordenó la reorganización de las Unidades y al Batallón Piura en
esa nueva situación lo vemos actuar en la Batalla de Miraflores forman-
do parte del Tercer Cuerpo de Ejército al mando del mismo Coronel
Pastor Dávila, defendiendo el ala izquierda de la nueva línea de defensa
establecida por el Director Supremo de la Guerra.
Después de una heroica resistencia, el improvisado Ejército Perua-
no, desarmado y mal organizado como dice el General Carlos Dellepia-
ni, tuvo que ceder posiciones, tras haber sufrido cuantiosas pérdidas,
pues se estima que tan solo en jefes y Oficiales, el número de bajas al-
canzó a las tres cuartas partes del efectivo total, motivo por el cual el
Batallón Piura fue disuelto, desconociéndose el nombre de sus muertos
o desaparecidos, de allí, que la investigación histórica de estos insignes
patriotas tumbesinos se vea truncada por la falta de documentos, pero
no desmayaremos en el propósito que nos hemos impuesto de comple-
tar los grandes vacíos que presenta la historia del Departamento de
Tumbes.
En la Batalla de Miraflores, que según historiadores fue la más san-
grienta, encarnizada y tenaz de toda la guerra, murió entre otros mu-
chos civiles, el Juez de Letras de Tumbes Dr. José Manuel Irribarren.
La actitud heroica de aquellos tumbesinos, fue reconocida por el
Gobierno del Dr. José Pardo y Barreda en 1906, al declararlos por De-
creto Supremo "Héroes de la Patria".
Como los resultados de la guerra, eran hasta ese momento adversos
a la causa nacional, y ante la posible llegada de tropas chilenas a Tum-
bes, el Subprefecto y Comandante Militar de la Plaza don Manuel Ramí-
rez, lanzó el 21 de agosto de 1881 un vibrante manifiesto en uno de cu-
yos párrafos decía: "Las autoridades encargadas de reivindicar la honra
mancillada y devolver su prístino esplendor están contentos de voso-
tros" y luego añadía "Levantaos como un solo hombre y vea Chile que
si la Providencia con sus inescrutables designios ha sometido a deplora-
bles reveses a nuestra Patria, le quedan aún verdaderos hijos de esa plé-
yade de héroes que con su sangre regaron el árbol de la libertad en los
campos de Junín y Ayacucho".
Un tumbesino que actuó en esta guerra fratricida y que inexplica-
blemente se mantenía en la nómina de los patriotas desconocidos, fue
el Capitán de Infantería D. Carlos Puell, cuya foja de servicios, por azar
del destino, la he encontrado en fecha reciente en el Archivo Histórico
Militar del Perú.
En este documento, formulado en 1886, cuando D. Carlos Puell
tenía el grado de Capitán, figura que a esa fecha, trizaba los 30 años; su
país: Tumbes; su salud, robusta y su estado civil, soltero, y además que
ingresó al servicio el 10 de Mayo de 1879, en la condición de soldado
distinguido; el 16 de noviembre de 1882, ascendía a Sargento Primero;
el 26 de setiembre de 1884 a Sub-Teniente y en 1885, alcanzaba suce-
sivamente, el 6 de febrero, el grado de Teniente Graduado, el 14 de Ma-
yo el de Teniente Efectivo y el 3 de noviembre la clase de Capitán, con
la que se retiró en febrero de 1886, después de 6 años, 9 meses y 20
días de servicios.
En este corto período de servicios prestados a la Nación, en los
momentos más álgidos de la guerra, intervino en la Campaña del Norte
actuando contra las acciones de desembarco de la escuadra chilena en
las costas del Departamento de Piura y Lambayeque, así como en el
Combate del Cerro del Cárcamo, contra las fuerzas invasoras el 18 de
setiembre de 1883.
Los Coroneles Manuel José Becerra y Moisés Mondoñedo, as f co-
mo los Tenientes Coroneles Benjamín de la Barra, Reynaldo Carbajal,
Joaquín Arbulú y Ricardo Arias, Jefes todos que bajo sus órdenes sirvió
el Capitán Carlos Puell, concuerdan al afirmar que el referido Capitán
prestó "buenos y leales servicios a la Nación".
Reintegrado a la vida civil y con la satisfacción de haber cumplido
con un sagrado deber que todo ciudadano tiene para con su Patria, lo
vemos desempeñándose como Vocal de la Comisión Directiva que pa-
trocinaba en Tumbes la candidatura presidencial del General Andrés
Avelino Cáceres y la del Coronel Remigio Morales Bermúdez y don Au-
relio Denegrí a la primera y segunda Vice-Presidencia de la República.
La mujer tumbesina, no podía ser extraña en estos momentos tan
difíciles por los que estaba atravesando la Provincia y si bien es cierto,
no pudo empuñar un fusil porque las circunstancias no se lo permitie-
ron, se dedicaron con todo ahinco a mantener vivo el espíritu cívico y
patriótico de los componentes de la Guardia Nacional, obsequiándoles
una bandera de Guerra, que ellas mismas, con sus propias manos borda-
ron en una tela de raso con hilos de oro el Escudo Nacional; pero como
la estrechez económica era cada día más agobiante, el Gobierno de Li-
ma ordenó la desactivación de la citada Unidad y su Jefe el Teniente
Coronel Nicolás Orfila, procedió el 22 de julio de 1881 a entregar dicha
gloriosa enseña al Delegado de la Prefectura de Piura, para que sea desti-
nada a una de las Unidades que se estaban formando en la Capital del
Departamento.
Dos decretos firmados durante la ocupación merecen un especial
comentario, por tener una incidencia directa en Tumbes:
El Decreto NO 1 290, expedido e! 24 de diciembre de 1881 y el NO
1411 del 18 de agosto del año siguiente.
Por el primero, se organizaba el litoral peruano sujeto a la jurisdic-
ción de la Aduana del Callao, dividiéndola en las Tenencias de: Paita,
Chimbóte, Salaverry y Eten; debiendo la primera, esto es la Tenencia de
Paita, tener jurisdicción sobre la costa de! Departamento de Piura, cu-
yos puertos principales eran; Paita, Sechura, Tumbes y Máncora y por
el segundo, firmado por el Almirante Patricio Lynch, el puerto de Tum-
bes, para los efectos del cobro de los derechos de Aduana, serta consi-
derado como puerto extranjero.
El Diario Oficial de Lima, del 19 de agosto de 1882, editado por
las fuerzas de ocupación, al comentar y tratar de justificar la resolución
que comentamos decía: "La necesidad de esta medida se hacfa sentir.
Mucha mercadería extranjera se desembarcaba en Tumbes y como na-
cionalizadas eran internadas en los lugares ocupados por nuestras armas,
privando a Chile de ingresos de alguna consideración", y luego añadfa:
"Las mercaderías de este modo introducidas, hacían a las despachadas
legalmente una competencia ventajosa. Con la resolución adoptada se
pone término a un abuso que nos dañaba y se dispensa protección debue-^
na fe." ,|
Sin temor a equivocarme, considero que el decreto NO 1411, ten-'
dfa a favorecer al comercio con la vecina República del Norte, al obviar
un trámite pesado y engorroso, pues todas las Aduanas del Departamen-
to para realizar las funciones propias de su cargo: despachar y recibir
cualquier tipo de mercadería, tenfa que recabar obligatoriamente laauy
torización de la Aduana del Callao o Paita. |
Para terminar con este aspecto tan interesante en la Historia de
Tumbes, debo recordar que el 28 de abril de 1883, su representante an-
te la Soberana Asamblea del Norte reunida en Cajamarca, señor Fran-
cisco Garcfa Castañeda, se adhirió al Manifiesto Político en apoyo del
Coronel Miguel Iglesias, en e! que exhortaba a los pueblos del Centro
y Sur a olvidar el pasado, a deponer los odios de partido y a secundar
los propósitos de dicha Asamblea. |
Conocida la situación de total desamparo que en el aspecto social,!
económico, político, militar y judicial, se encontraba la Provincia de
Tumbes, en los años anteriores a la guerra y expuesta en sus grandes |
lineamientos su intervención en esta infausta contienda, podemos afir-1
mar, sin eufemismos de ninguna clase, que Tumbes, se ha constituido.
tn una garantía de nuestro territorio en la frontera Norte, pues como
repito, con sus propios medios, imbuiüos todos de un mismo ideal y
con la fe puesta en los destinos de la Patria, rechazaron con toda ener-
gía y bravura muchas incursiones navales y mantuvieron a toda costa al
no Zarumilla como linea limítrofe, llegando a popularizarse un viejo
s'ogan "De aquí' no pasarán"; de allí', que sea Justo resaltar en esta oca-
sión, que muy pocos departamentos de nuestra Patria se han visto en si-
tuaciones análogas. o '
Pues bien, ahora surge una pregunta: ¿Qué se ha hecho en Tumbes
por perennizar el recuerdo de los tumbesinos que participaron en la
, Guerra del PacFfico? Prácticamente nada; solamente, consignar algunas
acalles o avenidas con los nombres gloriosos de ciertos combatientes, ra-
idn por la cual Don Manuel O. Moretti, Representante por Tumbes al
Congreso Regional de) Norte, para subsanar tan grande omisión, solicitó
precisamente, cuando dicho organismo funcionaba en aquella localidad,
que el Ministerio de Guerra enviase un subsidio para levantar un Monu-
mento a los "Heroicos tumbesinos de la Guerra del PaciTico" y que las
100 libras peruanas que se tenían destinadas en Tumbes para que el es-
cultor Artemio Ocaña, hiciera un Monumento al Héroe Tumbesino .
Teniente Enrique Vásquez, se destinase al fin arriba señalado, recién en
1979 se ha hecho realidad este sentido pedido.
{ Posteriormente en 1962, los concejales don Toribio Herrera Ruiz y
rioña Esther Velasco de Reyes presentaron al Concejo Provincial de
Tumbes una moción, solicitando que una de las mejores calles de la cíu-
riad llevara el nombre de Jacinto Seminario Fernandez y que de inme-
¿iato se iniciara una colecta pública para erigir un busto a tan insigne
patriota. Han pasado 16 años y hasta la fecha no se le ha rendido nin-
*lin tributo, a pesar de que los colegiales tumbesinos, mientras Don Ja-
into Seminario estuvo vivo, siempre le rendían un merecido homenaje
fl recuerdo de sus épicas hazañas, pero con su muerte, terminaron esos
"lenajes y su recuerdo permanece en la actualidad relegado al olvido.
El 30 de mayo de 1980 en una imponente ceremonia cívico patrió-
, se inauguró el Monumento a la memoria de los tumbesinos que
rticiparon durante la infausta guerra con Chile. El hermoso grupo es-
Itórico ubicado en la Avenida Tacna representa "la efigie de la Gloria,
juna altura de 3 metros, con una corona de laurel en la mano derecha.
pando los ángulos de la ancha base, están los bustos del Teniente
Vásquez, Mayor Elias Bodero, Capitán Manuel Arellano, Mari-
Andrés Araujo y de los soldados Maximiliano Benites y Benigno
La obra corresponde al destacado escultor nacional Joaqufn U^
te y Ligarte y su costo de 20 millones fue aportado por el Comité
Desarrollo de Tumbes. :
El Perú en general y Tumbes en particular, aún no ha saldadc
deuda de gratitud que tiene para con don Jacinto Seminario Fern
dez, quien al frente de un grupo de civiles tumbesinos rechazó una in
sión armada ecuatoriana, cuando el resto del territorio se encontraba
chando contra el invasor del Sur.
Como un recuerdo permanente a su noble y heroica acción pod
levantarse un Monumento en un lugar preferencial de Tumbes o cuar
menos hacerle un Mausoleo a sus restos que en la actualidad reposan
un modesto nicho.

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