Los incalificables abusos que cometían los colonizadores
españoles, a los cuales no estaban excentos los tumbesinos, la gran
dificultad que tenia el Rey de España para gobernar sus colonias y
las reiteradas gestiones de Fray Bartolomé de las Casas en defensa
de los indios, fueron algunas de las causas para que el Rey Carlos V de España,
creara por Real Cédula del 20 de Agosto de 1542 el Virreynato del Perú,
nombrando como primer virrey del Perú a don Blasco Núñez
de Vela y fijándole como residencia la Ciudad de los Reyes.
Don Blasco Núñez, algo entrado en años, venta al Perú
con una fama de valiente, terco, y religioso, portando una serie de Ordenanzas
reales que estaba dispuesto a cumplirlas, entre ellas podemos mencionar, las
que señalaban que los indios fueran declarados fieles y legítimos
vasallos de la Corona y como tales se les debía reconocer como libres,
y aquellos españoles que tenían esclavos podían conservarlos,
pero a la muerte del poseedor, quedaban libres; así mismo, todo trabajo
debería ser remunerado y, por último, perderían el derecho
a tener esclavos aquellos que les dieran maltrato o los tuvieran en estado
de abandono. El citado Virrey, al llegar a Panamá, pone en libertad
a 300 indios peruanos que habían sido traídos en la condición
de esclavos y ordena su regreso al lugar de origen, luego continúa
por mar a Tumbes y el 14 de Marzo de 1544, desembarcaba en la Bocana del río,
según Lázaro Costa en su "Historia Cronológica del
Perú".
En dicha ciudad, donde fue muy bien recibido, hace pregonar los poderes de
que estaba investido y dispone que no se les dé de comer gratis a los
españoles que desembarquen o residan en la zona, que paguen en su verdadero
valor el precio de la carga de "hierba" para su ganado, ya pedido
de algunos caciques, pone en libertad a muchos esclavos en especial a los
que servían a un español de apellido Cabrera. Jerónimo
Benzoni en su libro "Historia del fviundo Nuevo" relata que el Virrey
dictó esas disposiciones "porque los Gobernadores de ese reino
habían establecido como ley que los caciques deberían proporcionar
tres indios para llevar el equipaje de un pueblo a otro a los españoles
que iban a pie y cinco a los que iban a caballo; además debían
dar de comer a cada uno de. ellos un pollo y un conejo y de beber un jarro
de vino del país que los naturales llaman azua. Por los crónicas
de este viajero también sabemos que el mismo Virrey estando en Tumbes
mandó a ahorcar a un cura llamado Fray Pedro de la Orden de los Mercenarios
porque continuamente se quejaba que muy triste premio daba Su Majestad a aquellos
que tan bien y fielmente lo habían servido y que aquellas leyes más
se encaminaban a la rapiña que a la santidad y justicia, pues cada
nueva Ordenanza que llegaba no tenfa otro fin sino el de acrecentar las rentas
reales; asimismo mandó aahorcaraun criado de Gonzalo Pizarro porque
participó en una batalla contra Diego de Almagro Después de
permanecer algunos días en Tumbes, el Virrey continuó su viaje
al sur y "al llegar a Barranca, encontró en su habitación
una inscripción que decía: "A quien viniere a quitar mi
hacienda, quitarle he la vida". Ello le causó gran irritación
y, tiempo después, "mató a puñaladas con su propia
mano y en su propia estancia al Factor Illian Suárez de Carbajal, presunto
autor de la inscripción".
En Lima fue recibido con cierta frialdad, por la fama que ya tenía,
pero con todo es reconocido y aceptado como Virrey. Su primer acto público
fue hacer conocer que estaba dispuesto a dar cumplimiento a las Ordenanzas
Reales, produciendo una animadversión general, toda vez que se les
quitaba a los españoles ciertos privilegios que disfrutaban a costa
del sudor de los naturales.
Como esta oposición aumentaba, y por otra parte se conocía que
Gonzalo Pizarro había salido del Cuzco al frente de un Ejército,
la Real Audiencia optó por apresar al Virrey, destituirlo y enviarlo
a España, encomendando esta última misión al Oidor Juan
Alvarez, quien ya estando en alta mar lo notifica que estaba en libertad y
en condiciones de hacer lo que tuviera a bien. El Virrey desembarca en Tumbes,
hace pregonar un manifiesto dando cuenta de la traición de Gonzalo
Pizarro, exhorta al pueblo a que ayude a sostener la autoridad del Rey y luego
envía a su hermano Juan a los pueblos de Chira y Paita para que reuniera
todo el dinero posible; a Juan de Guzmán a Tierra Firme donde el Gobernador
Pedro de Casaos para que le enviara algunos navios y la gente que pudiese;
a su cuñado Diego Alvarez Cueto para que fuese donde Su Majestad a
dar cuenta detallada de lo sucedido y en fin envió una serie de escritos
a Quito, Puerto Viejo, Trujillo, San Miguel, Guayaquil y otros lugares.
Poco después llegaba desde Quito el Capitán Rodrigo de Ocampo
y Diego de Ocampo trayendo treinticinco hombres de a caballo y arcabuses;
de Puerto Viejo llegaron veinticinco soldados y una gran cantidad de oro que
los repartió entre los más necesitados; de Nueva España
le llegó un navio con ochenta hombres que le enviaba el Virrey Antonio
de Mendoza; don Juan de Illanes le proporcionó un galeón de
propiedad y veinticinco soldados; don Alonso de Montemayor cuarenta soldados
y como no había recibido aún ningún socorro de San feuel
de Piura, remite un nuevo mandamiento que llegó en el preciso momento
que llegaba otro de Gonzalo Pizarro, para que lo reconocieran como Gobernador,
por lo que el Cabildo reunido en audiencia pública, decidió
desconocer la autoridad del Virrey, pues consideraban que de .obtener un triunfo,
vendrían las represalias por la comida y bebida que opegaron a darle
y por la gritería de las mujeres que el Virrey tuvo que oortar en su
paso a Lima.
f Dos naves que estaban al servicio del Virrey en Tumbes, la primera de Juan
de Illanes y la segunda de Ponce de León, vieron que otros dos Eos
y un bergantín se les aproximaba desde el sur y, al reconocerlos o
pertenecientes a la flota de Gonzalo Pizarro, optaron por navegar a el norte,
siendo perseguidos por las naves de Hernando de BachiS, que tuvo que abandonar
la empresa porque la oscuridad de la no hizo que se le perdieran de vista,
por lo que decide regresar a Tumbes con la certeza de que las naves del Virrey
también regresarían, y así sucedió;al día
siguiente ambas escuadras se encontraron en el puerto.
Como la flota de Gonzalo Pizarro estaba artillada y mejor comandada, Bachicao
abordó a las naves del adversario, se apoderó de toda la carga
y no ahorcó a sus capitanes porque sus allegados se lo impidieron luego
desembarca con su gente, ocupa el pueblo para saquearlo y al ir a buscar al
Virrey supo que ya se había marchado a Quito con el pequeño
ejército que había formado en Tumbes; mientras tanto Gonzalo
Pizarro que también lo perseguía, lo encontró en las
cercanías de Quito, donde se libró en Añaquito una batalla
que terminó con la muerte del primer Virrey del Perú, La Corona
de España al conocer la reacción tan desfavorable que había
producido las Ordenanzas sobre los indios, la imprudente conducta del Virrey
y la insurrección de Gonzalo Pizarro, optó por enviar a un clérigo
para que pacificara el Virrey nato del Perú y designó a Pedro
de la Gasea para tal fin.
La Gasea con su sotana como uniforme y su breviario como arma se embarcó
en San Lúcar el 26 de Mayo de 1546 y acompañado de una pequeña
comitiva, llega a Panamá, donde logra convencer a Hernando de Mejía,
Oficial de mucha confianza de Pizarro, para que se adhiera a la causa del
Rey, lo que consigue después de muchos esfuerzos, lo que le representó
disponer de una flota que tanto necesitaba para transportar al pequeño
ejército que había organizado, luego reinicia la travesía
y llega a Tumbes el 30 de junio de 1547 en dos barcos y 500 hombres.
El Gobernador de Tumbes, Teniente Francisco Villalobos, nombrado como tal
por Cédula expedida por don Gonzalo Pizarro, envió un propio
donde don Gonzalo, pero al pasar por Trujillo, notició al Teniente
Diego de Mora, servidor secreto del Rey, quien sin pérdida de tiernpo,
recoge su hacienda, a su mujer preñada y con 40 compañeros se
embarca en Huanchaco en un galeón de mercaderes.
Tal era el deseo de La Gasea por poner pie en tierra, que empleando las balsas
de la región se decide a desembarcar con riesgo de su vida, muchos
de sus subalternos se cayeron al mar y estuvieron en peligro de ahogarse porque
la mar estaba muy movida y los tumbos eran bastante grandes.
La Gasea fue recibido apoteósicamente y desde diversos lugares le hicieron
llegar cartas de adhesión, las que contestó de inmediato indicando
que se dirigieran a Cajamarca, lugar señalado como punto de reunión
para el inicio de las operaciones. Luego ordena que su Capitán General
Pedro de Hinojosa se adelante con su gente a Cajamarca a reunirse con los
españoles que allí pudiera reunir y a Pablo de Meneses, el jefe
de su Escuadra que navega en dirección sur, pegado a la costa.
Después de un pequeño descanso en Tumbes, La Gasea con la gente
indispensable para su seguridad, se dirige por tierra a Trujillo, para internarse
a Cajamarca, sigue a Jauja y luego a Xaquijaguana, donde se libra una batalla,
cuya característica fue el número reducido de bajas por ambos
lados y la entrega voluntaria de Gonzalo Pizarro debido a la deserción
de sus tropas. interesante es anotar, que en el reparto que hizo el Presidente
La Gasea, el 17 de agosto de 1548 en el asiento de Guainarima, cerca del Cuzco,
entre aquellos caballeros capitanes y soldados que ayudaron a pacificar al
Perú, figuraba que a Juan Muñoz, "el de Tumbes", le
correspondió 400 pesos de plata ensayada de renta, s
¿Porqué escogió el Presidente La Gasea, las costas de
Tumbes como lugar de desembarco?.- Porque era una zona suficientemente lejos
de la influencia de Gonzalo Pizarro y porque le permitía continuar
sus operaciones por la Sierra, zona que disponía de toda clase de recursos
como para no frenar el impulso de las acciones ofensivas y caso curioso ;
esta misma zona fue la elegida por el Libertador Simón Bolívar
para derrotar a los españoles y sellar la Independencia del Perú
y América.' Pacificado el Perú, el Rey de España, nombra
el 20 de setiembre 1550 a don Antonio de Mendoza como Virrey del Perú,
quien desempéña igual cargo en México.
El Virrey, a pesar de su quebrantada salud, se embarca en Acapulco llega a
Tumbes el 15 de Mayo de 1556. Como la navegación había muy larga
y pesada, después de tomar un descanso prudencial de viajar por tierra
a Lima donde llega el 1 2 de setiembre del mismo Para realizar este viaje,
el Virrey necesitó una gran cantidad de carros para llevar la impedimenta
de su pertenencia y la de su séquito, los tomó de los naturales
de la región, toda vez que no había un número suficiente
de ganado caballar ni mular, pero en lo sucesivo, prohital procedimiento,
para dar cumplimiento a una Ordenanza Real.
Designado como nuevo Virrey del Perú, don Andrés Hurtado de
S Mendoza, se abstuvo de desembarcar en las playas de Tumbes debido a lo peligroso
de su mar y al no hacerlo éste y sus sucesores, han dejadode consignar
en sus informes valiosos datos sobre la región y si consideramos que
las referencias de los Cronistas son reducidas y se encuentran estantes dispersas,
conclufremos, que existe una gran dificultad para bordar un aspecto tan importante
en la Historia de Tumbes, sin embargo, salvando este escollo, continuaremos
desarrollando este tema, señalando que a pesar de haberse creado en
1563 la Audiencia de Quito, ba la jurisdicción del Virreynato del Perú,
los límites entre estas dos organizaciones no variaron y en consecuencia
la Tenencia de Tumbes, cuyos límites era por el norte el río
Máchala hasta el punto en que cesa la jurisdicción de Guayaquil
y al Este, las vertientes del Saruma, en la que une dicho punto con el principio
del Alamor (línea divisoria ion el antiguo Corregimiento de Loja),
continuó en la misma situación que tenía en años
anteriores, según afirma Juan de Salinas en sus "Reciones de la
Ciudad de San Miguel de Piura", esto es, dependiendo del rregimiento
de Piura y éste a su vez de la Audiencia de Lima.
Continuando con el Siglo XVI, en 1563, en una información sobre los
méritos y servicios del Capitán Alonso Forero de Ureña,
Corregidor de la Ciudad de San Miguel de Piura y Puerto de Paita, se indica,
que ejerció jurisdicción y mando en el pueblo de Tumbes y que
hizo construir un camino que partía de este lugar a las minas de Zaruma;
en 1567 en la "Relación" del Conde de Nieva, aparece que
don Diego López de Zúñiga y Velazco otorga el repartimiento
de Tumbes a don Antonio de San Martín y el 13 de noviembre de 1581,
el Virrey Martín Enríquez, daba cuenta al Rey de España
que el Repartimiento de Tumbes, con 217 indios y 553 personas estaba a cargo
de don Gonzalo Farfán y que don Gonzalo Prieto Dávila a cargo
de Máncora tenfa 20 indios tributarios y 95 personas. Durante el siglo
XVII, además de lo que se señala en los párrafos siguíentes,
con relación a la transferencia de la Hacienda Zarumilla, el 1°
de junio de 1675, el Virrey Baltazar de la Cueva, Conde de Castellar, basándose
en un fallo de un Consejo Ad-hoc, mandó ahorcar a Juan Bautista, "indio
natural de Tumbes, de oficio marinero y sujeto de genio muy caviloso"
por haber pretendido apoderarse de la persona del Virrey. Un aspecto que abarca
más de un siglo, y que está íntimamente ligado al período
virreynal, es el relacionado con la Hacienda Zarumilla, porque los documentos
que contiene el expediente de enajenación, constituyen un valioso aporte
no sólo para el estudio de la Historia de Tumbes sino para el estudio
de la Historia de nuestra Patria, así lo comprendió el Dr. Vicente
Santamaría en su obra "Estudio de la Cuestión de Límites
entre las Repúblicas del Perú y del Ecuador" escrita en
Madrid en 1907 y los doctores Mariano H. Cornejo y Felipe de Osma en la Memoria
que presentaron ante Su Majestad el Rey de España en 1906 de allí,
que bien vale la pena que se exponga aunque sea en forma muy breve este interesante
aspecto al cual no se le ha dado la difusión que en realidad merece,Pues
bien, el 26 de diciembre de 1627, don Diego Fernández de Córdoba,
Marqués de Guadalcázar y Virrey del Perú, aprobó
la donación de una gran extensión de terreno, que el Cabildo
de Piura hizo el 26 de agosto de ese año al Comandante español
don Pedro Aguilar Campoa, en recompensa por los servicios prestados a la Corona,
cuando desempeñaba las funciones de Comandante de la Escuadra españolas
encargada de proteger nuestras costas de la acción de los filibusteros."Ese
pedazo de tierra denominado "Callancas", más tarde "Pocitos"
y luego "Zarumilla", estaba situado en el pueblo de Tumbes del Corregimiento
de Piura y abarcaba por una parte, desde el río Machala corriendo por
longitud, hasta el pueblo de Tumbes involucrando el ÍH tero de las
Cruces, llamado "San Nicolás"; el camino de Zarumay porg
la espalda, las montañas y vertientes de esta villa", "Don
Juan de Echevarría, heredero de estos bienes por su madre y doña
Antonia Aguilar, donó en 1689 al Colegio de jesuitas de Guayaquil las
tierras de Zaruma y Santa Gertrudis y por testamento en 1697, entregó
las salinas y sitios de Callancas y Tumbes".
Cuando en 1767, el Rey Carlos III de España, expulsó a los Jesuítas
de su reino, las propiedades de la Orden pasaron automáticamente a
la Corona y el Gobernador de Guayaquil encargó al Corregidor de Piura,
la tasación de dichos bienes y hacer los pregones correspondien porque
estaban ubicados en su jurisdicción.
"Asilo mandó practicar en 1782 el Alcalde ordinario de Piura,
por carencia del Corregidor, comisionando a don Juan Matfas Rodríguez
de Varillas para la tasación", señalándolo en dos
mil pesos de a ocho miles, cuyo justiprecio declaró haber hecho bien
y fielmente según su incistencia. El 7 de setiembre del mismo año,
el Alcalde de Piura devolio todo el expediente al Gobernador de Guayaquil,
en la forma como lo había solicitado.
"Terminadas estas diligencias continuó la tramitación del
expente de venta ante la Junta Provincial de Quito, por pertenecer los nes
al Colegio de Guayaquil, con arreglo a lo dispuesto en la Real Celia de 1769".
Al presentarse varios postores, se consideró que la propuesta del Capitán
don Miguel Olmedo era la más conveniente, pero gió un reclamo
presentado por don Juan Mendieta y por doña Josefa Ruiz Díaz,
en el que solicitaban la separación de los si; de Cayancas, Jumon y
Caliguro por cuanto, el primero demostró ser adquirido parte de esas
tierras por compra que había sido confiada en 1676 por el Excelentísimo
Marqués de Cañete y las segundas ser descendientes directas
de doña María de Aguilar, nieta de don Iro.
"Reunida la Junta Provincial de Quito, se acordó en auto del 20
de nio de 1787, reducir la venta a las tierras y sitios de Zarumilla invitan
lal postor don Miguel Olmedo a conformarse con esta reducción, sin
perjuicio de reconocerle el derecho de litigar con los reclamantes hasta poder
obtener todo el terreno concedido en 1627 por el Cabildo de Piura".
El 26 de setiembre de 1787, se le adjudicó al Capitán Miguel
Olmedo la zona de Zarumilla, en la cantidad de 2,666 pesos cinco y medio reales,
pagaderos de esta manera: 666 pesos y cinco y medio reales al contado y el
saldo en un plazo de dos años, a mil pesos cada uno, con un interés
de! 3% anual, y el 12 de febrero de 1789, estando don Teodoro de Croix, como
Virrey del Perú, el Teniente y Administrador de las Reales Rentas del
pueblo de Tumbes don Juan Valverde, acompañado del Teniente de Máchala,
le dio al Capitán Miguel Olmedo posesión de la hacienda Zarumilla
y Tumbes, firmando el 16 del mismo mes y año el Acta Final en que se
le entregaba los terrenos comprendidos entre la boca del río Callancas
a la de San Nicolás, y hasta las vertientes de Zaruma.
"Al notificársele a la población de'Tumbes, la nueva posesión,
presentó su protesta don Tomás Núñez, porque en
Cabuyal tenía su casa con más de tres mil cabezas de ganado,
con sus correspondientes titule que caerían dentro de los límites
de la hacienda".
"Así mismo el Cabildo de naturales y demás indios alegaron
tener derecho en las orillas de esa pertenencia, pero siempre le dieron la
razón a Olmedo, quien para tener seguridad de que en el futuro no debería
encontrar más dificultades, solicitó al Virrey del Perú,
por intermedio del Presidente de la Real Audiencia de Quito, se le nombrara
como juez Mayor". Luego agregaba: "Podría suceder que siendo
aceptado este pensamiento por Su Excelencia, se dificulte la práctica
a falta de un sujeto prominente y aparente para tan útil destino, porque
la distancia de un lugar tan poco frecuentado, destruido y desagradable o
incómodo para las proporciones de la vida humana que apatecen las personas
de mérito y talento, distraerán naturalmente a los más
celosos del Real Servicio. En semejante caso, desde luego me resignaré
yo al empleo por dificil que sea y podrá Vuestra Señoría,
siendo de su agrado, informar al Exelenticimo. Señor Virrey, las cualidades
que me asisten y de que he dado largas pruebas en este Gobierno, si las estimara
a propósito para el efecto.
El 4 de noviembre de 1 789, el Presidente de la Audiencia de Quito remitía
el expediente al Virrey de Croix, el que, al ser relevado en el cargo por
don Francisco Gil de Tabeada y Lemos, aprobó el 11 de Setiembre de
1790, la posesión dada por don Juan Valverde a don "José
Agustín Olmedo" de la Hacienda Tumbes en el distrito del Virrey
y pertenecientes a las temporalidades del Colegio de Guayaquil, en virtud
dehaberla rematado en pública subasta.
Como el referido Olmedo continuaba teniendo problemas con habitantes de la
zona, presentó en 1800 un recurso solicitando que Núñez
y otros colonos desocupen las tierras usurpadas, se les satisfaga la pensiones
corrientes y establecidas por razón del ganado en ellas mantenidas
desde el día que tomó posesión y que se le abone una
gallina anual por concepto de habitación de cada casa.
Por último el Sub-delegado de Piura, Joaquín Rosillo Velarde,
nombró al Capitán Fausto Gómez Miro de Lara para que
asociado con don Gregorio Liberato Rico, notifiquen a los ocupantes de la
Hacienda y reconozcan como dueño al Capitán Miguel Olmedo, pagándole
los terrazgos que estuvieran debiendo por razón de arriendo.
El 4 de agosto de 1825, don José Joaquín Olmedo, hijo de don
Miguel, vendió al señor José Noblecilla Romero de nacionalidad
peruana, la Hacienda Zarumilla en la jurisdicción de Tumbes en la cantidad
de ocho mil pesos al contado, libre de todo derecho.
y Otros acontecimientos que sucedieron en Tumbes durante el Siglo XVII y que
merecen un breve comentario, son los relacionados con la explotación
del petróleo, la llegada de los marinos españoles Jorge Juan
y Antonio Ulloa y la creación del primer cuerpo de milicias.
Los afloramientos petrolíferos que encontraron los españoles
en el Perú, fueron considerados como de propiedad de la Corona con
el nombre de Pozos del Rey, siendo inicialmente explotados por la misma Corona
y posteriormente cedidos en arrendamientos a particulares, tal es el caso
del Virrey Manuel de Oms de Santa Paux, Marqués de Castell dos Rius,
que cedió en arrendamiento en el año 1700 a don Mateo de Urdapileta
y al Sargento Mayor Mateo González una extensa zona que abarcaba los
actuales departamentos de Piura y Tumbes, para que explotara "todos los
ojos de Cope o brea blanda que hay descubiertos y los que en adelante se descubran".
En el Archivo Nacional del Perú, se encuentran numerosos documentos
relacionados con la explotación del petróleo en la época
del Virreynato, pudiendo citar el de Victorino Mendoza en el que al describir
los trabajos para obtener tan preciado elemento decía: "Las emanaciones
de material líquido que contiene el despoblado de cincuenta leguas
que hay del pueblo de Amotape al de Tumbes, en cuyo espacio se hacen las labores
de unos pozos o zanjones de cincuenta y cien varas y dos o tres de profundidad,
para que se recoja el material que corre por la superficie; de estos zanjones
es preciso tener abiertos treinta o cuarenta, porque como todo el espacio
de dicho despoblado es de arenales, el año que exceden las lluvias
se ciegan todos o los más, siendo necesario para continuar el comercio,
una continua limpia".
Posteriormente se firmaron muchos contratos de arrendamientos, por simple
coincidencia, todos los Virreyes que intervinieron en ellos, fueron cuestionados
o acusados, por lo que se supone con mucha razón que en estos contratos
hubo una sombra de duda en la conducta de los participantes.
Con relación a la visita que los marinos españoles jorge Juan
y Antonio Ulloa, hicieran en 1740 a Tumbes, sabemos por su "Relación
histórica del viaje a la América Meridional", escrita en
Madrid en 1748 que, la ciudad estaba construida de un "terreno de consistencia
arenosa, con algunas desigualdades o pequeñas eminencias de arena muerta
y entre éstas, con poco orden y sin unión, habían setenta
casas", de caña y paja que servían para alojar a 150 familias
de mestizos, indios, mulatos y algunos españoles; sin embargo, muchas
familias habían construido sus viviendas a lo largo del rio, aprovechando
la facilidad para irrigar sus tierras.
En los seis dfas que duró Ja permanencia de estos dos marinos en Tumbes,
aprovecharon para determinar su ubicación geográfica, encontrando
que estaba situada en los 3 grados, 33 minutos, 16 segundos de latitud austral,
dato éste que es confirmado años más tarde por el eminente
geógrafo Cosme Bueno y que lo publica en su "Descripción
de las Provincias pertenecientes al Obispado de Trujillo"; así
mismo, mientras los primeros consideraban que sólo hasta Máncora
se extendía la autoridad del Tenientazgo de Tumbes, para el segundo,
esa autoridad se extendía hasta Amotape, pueblo situado más
al sur que el anterior, y así también lo considera don Miguel
Olmedo en la carta que le dirige al Virrey del Perú por intermedio
del Presidente de la Real Audiencia de Quito, en la que le solicitaba se le
nombre como juez Mayor.
¿Qué ha sucedido con la superficie primigenia
de Tumbes? De una superficie cuyos límites eran el río Máchala,
las vertientes de Zaruma, el pueblo de Amotape y el mar, se ha reducido, del
río Zarumilla a la quebrada de Máncora y desde el mar hasta
la quebrada de Pilares y del Alamor, es decir pues en forma paulatina y sistemática
ha disminuido en más de tres veces su extensión original.
El primer cuerpo de milicias que se creó en Tumbes, quizá con
el objeto de contrarrestar la perniciosa acción del contrabando, fue
en 1794, de dragones al mando de un oficial de la clase de Teniente, que a
su vez desempeñaba las funciones de Juez Territorial, teniendo como
Ayudante a un Sargento Primero veterano. Al año siguiente, esta Unidad
estaba al mando del Teniente de Dragones José Manuel Ruiz de Aranda,
teniendo como Ayudantes al Sargento Primero veterano Narciso Coloma y a los
Sargentos de Milicias Antonio Dávalos y Manuel García, dependiendo
la Unidad del Comandante del Batallón cuya sede era Piura.
En 1805, el efectivo del cuerpo, fue elevado a dos
compañías con un total de 120 hombres, de los cuales sólo
recibían sueldo, el Oficial, los Sargentos veteranos y el tambor, que
eran los encargados de la instrucción y disciplina, en cambio el resto
del personal se acuartelaba en casos necesarios y en el día se dedicaban
a sus labores habituales, razón por la cual en un informe que presenta
el Virrey don Francisco Gil de Taboada y Lemos, dice: "Que con excepción
de Lima y Chiloé, en ninguna parte se les disciplinaba ni se les enseñaba
el manejo de las armas". En las postrimerías del Siglo XVI 11
y en las primeras décadas del Siglo XIX, se intensificaron en las costas
de Tumbes, las operaciones de contrabando, "debido a que su fondeadero
es un laberinto de esteros y manglares y no existen los resguardos suficientes
para evitarlos" y los abusos y atropellos de las tripulaciones de los
barcos balleneros que desembarcaban en el puerto, toda vez que el personal
militar era bastante reducido y la población urbana muy escasa, como
para poder tomar una actitud que sirviera de escarmiento. Estos desmanes indujo
al Virrey del Perú, don Francisco Gil de Tabeada y Lemos a dirigirle
con fecha 23 de diciembre de 1795, una comunicación al Duque de la
Alcudia en España, dándole cuenta de los desmanes cometidos
por las tripulaciones de cuatro barcos ingleses, que con el pretexto de buscar
a sus desertores, entraron de arribada al puerto, se apoderaron de sus sementeras,
de sus reses y de cuanto pudieron, embarcándose sin abonar absolutamente
nada; posteriormente, el 18 de enero de 1797 el Virrey Ambrosio Higgins, Marqués
de Osorno, hizo ver al Tribunal del Consulado, la necesidad de armar algunos
navios para arrojar de nuestros mares a los buques extranjeros que perturbaban
el tráfico marítimo y señalaba que los puertos más
visitados eran: Tumbes, Paita y Guayaquil.
| El 30 de setiembre de 1880, el Comandante Militar de Tumbes don Joaquín
Sánchez Riambau, le hacía conocer al Virrey Marqués del
Osorno, que el día anterior una fragata inglesa y una española
habían sostenido un combate en la zona de los esteros y que ambas a
las cinco de la tarde se encontraban fondeadas, la española en la zona
del Comendador y la inglesa con los mástiles de proa caídos
en "La Ramada".
Estando don Joaquín de la Pezuela como Virrey del Perú, presentó
el 14 de enero de 1817, al Tribunal del Consulado una nota en la que le daba
cuenta que catorce buques enemigos, que parecían a primera vista, ser
de la Escuadrilla Armada que salió de Buenos Aires, y que burlando
la vigilancia de la Fragata "Venganza" y el Bergantín "Potrillo",
habían aparecido en el puerto de Tumbes; y el 29 de marzo del mismo
año denunciaba que la Fragata rusa "Zutuzoff" había
desembarcado en Tumbes todo su cargamento y que después de correrse
pólizas falsas, embarcaron dicha mercadería en otros barcos
que esperaban en la boca del río, como si fueran procedentes de la
Capital, por lo que solicitaba a Su Majestad, presentara las protestas del
caso "ante la Suprema Autoridad de las Rusias".
Esta inusitada visita de barcos argentinos y rusos a Tumbes, en una época
de insurgencia generalizada, en momentos en que la Corona de España
ya no podía vivir sin el auxilio oportuno y eficaz de sus Colonias
de América y en circunstancias en que los abusos y atropellos por parte
de los hispanos era cada vez más insoportable, nos hace pensar en el
rol protagonice que le tocó desempeñar a Tumbes en los albores
de la Independencia; con una costa irregular y con su laberinto de esteros
y manglares, fue el lugar ideal para encubrir a las naves de bandera extranjera
que eran portadoras de las nuevas ¡deas que se germinaban en Europa,
de allf pues que no es una utopía, ni una idea fantasiosa, afirmar
que Tumbes se constituyó en la puerta segura para el ingreso de las
nuevas ¡deas que se generaban en el Viejo Mundo y ello se demostró
de una manera fehaciente medio siglo después, en la aciaga contienda
de 1879, cuando el puerto de Tumbes recibió con orgullo el nombre de
"Puerto del Misterio".
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