Tumbes en 1941, fue el escenario principal
de una batalla, cuya
victoria representó para nuestra Patria la liquidación de un
conflicto li-
mítrofe que estuvo 1 20 años sin solucionarse.
El origen de esta contienda, se remonta allá por los años de
1841,
cuando el Ecuador reclama al Perú, sin fundamento alguno la devolu-
ción del territorio de Maynas y la provincia de Jaén que en
realidad nos
pertenecían en virtud de la Real Cédula de 1802 y por la propia
deter-
minación de los pueblos, y posteriormente, la posesión de Tumbes,
ale-
gando una interpretación muy a su modo de la Real Cédula de
1563 de
creación de la Audiencia de Quito, y siguiendo una poiftica equivocada
a lo largo de más de medio siglo para no arreglar su problema de limi-
tes, firmó el 19 de febrero de 1904 el Protocolo Cornejo-Velarde, por
el
que se acordaba continuar el juicio arbitral ante el Rey de España
y se
le solicitaba nombrara un representante para que estudiase en Quito y
en Lima los problemas limítrofes, recayendo tal designación
en la perso-
na de don Ramón Menéndez y Pidal.
La tesis peruana se basaba:
- Que se consideren las demarcaciones que existen en el momento
de la Independencia, y esto, para fijar los Innites de fas antiguas
provincias con las que nacieron ambos países.
La negación al Ecuador de la calidad de heredero de los derechos
de la Gran Colombia, debiendo defender tos suyos por e! modo co-
mo se constituyó y ha conservado su soberanía territorial.
La tesis ecuatoriana se basaba en: '
- La reconstitución de la Antigua Audiencia de Quito con su demar-
cación primitiva, considerándose heredero de ella por haber
pasa-
do a formar parte del Virreynato de Santa Fe y luego de la Gran
.Colombia, fundada por Bolívar.
La defensa del Perú estuvo a cargo de los Plenipotenciarios D. Ma-
riano H. Cornejo y D. Felipe de Osma, quienes presentaron el 1 o de Ju-
lio de 1906 a Su Majestad el Rey de España, una Memoria Final com-
puesta de cuatro volúmenes de exposición, con siete de anexos,
que a
juzgar por el Dr. Alberto Wagner de Reyna, constituye una "sólida
pieca, que se tradujo en esta frase: "O el Ecuador se retiraba de laszonas|
indebidamente ocupadas o el Perú las recuperaba por la fuerza",
para lo j
cual:
- En 1935, dispuso:
1o Ocupar físicamente ciertas zonas de la frontera en especial Po-1
"citos, donde se desarrollaría un vasto plan tabacalero a cargo
del Ingeniero Raymundo Quintana Chirinos, del Estanco del
Tabaco del Perú.
2o Establecer puestos de vigilancia en: Aguas Verdes - Pocitos-
Cuchareta - Uña de Gato y Delicias.
- En 1941, se creó el Agrupamiento Norte, bajo el comando del Ge-
neral don Eloy G. Ureta, con dos Divisiones Ligeras: La Ira. Divi-
- sión reforzada, al mando del Coronel Luis Vinatea Almonte en
Tumbes cubriendo una extensión aproximada de 80 kms. que se
extendía desde El Salto en la boca de Capones hasta Cazaderos y
la 8va. División, con el Coronel César Salazar Cartagena, cubría
el
sector de Chira, Macará hasta el Chinchipe.
El sector de Tumbes, era el sector de mayor responsabilidad y el
éxito de las operaciones radicaba en la forma como la Ira. División,
cumpliera con su misión, de allí que el General Ureta con muy
buen
sentido, estableció su Puesto de Comando en el local del Concejo Pro-
vincial de Tumbes de la Plaza de Armas, para estar en mejores condi-
ciones de dirigir, controlar e impulsar el combate.
La iniciación misma de este conflicto, la encontramos en un inci-
dente que ocurrió en los primeros días del mes de julio de 194^
en la
región de Aguas Verdes, cuando unos civiles ecuatorianos cercaron una
chacra del agricultor peruano jacinto Orellana Becerra, ubicada en te-
rritorio peruano y a 500 metros del Puesto Policial.
El citado Orellana, fue a pedir garantías al puesto de policía
y des-
pués de constatarse la exacta ubicación de ese predio, le autorizaron
a
retirar el cerco indebidamente colocado; en estas circunstancias, se pre-
sentaron dos soldados ecuatorianos, quienes al advertir la presencia de
policías peruanos se retiraron a Huaquillas, seguramente a dar cuenta
de lo que estaba ocurriendo.
El 5 de julio, las tropas ecuatorianas acantonadas en Huaquillas,
sin mediar un motivo aparente, atacan a las 10.00 de la mañana con
fue-
gos de fusilería al puesto peruano de Aguas Verdes, a las 10.40, al
pues-
to de La Palma, luego al puesto de Lechugal y a las 17.00 horas al pues-
to de Quebrada Seca.
Ante tan inesperado proceder, el Comandante del sector, Teniente
Coronel Carlos Miñano Iviendocilla, ordena la puesta en ejecución
del
Plan respectivo, precediéndose a reforzar los puestos de policía
y repe-
ler en forma conjunta esa injustificada agresión. El fuego se suspende
a
las 17.45, pero al dfa siguiente reinician el ataque, sobre La Palma -
Porvenir - Uña de Gato - Lechuga! - Huásimo y Matapalo, e intentan
vadear el rfo Zarumilla frente a Cuchareta, siendo enérgicamente repeli-
dos por las tropas del Ejército, que ya habían ocupado sus puestos
de
combate. o
El dfa 7 continúan los disparos en forma aislada a lo largo de la lí-
nea de frontera, pero el esfuerzo se concentra en el puesto peruano de
Corral, donde también es repelido con fuegos de fusilería.
Esta acción fue obra exclusiva del Ejército ecuatoriano, como
una
expresión de tantos actos de rebeldía y en su condición
de rector de la
política externa de su país, alentada quizá por la propaganda
mal orien-
tada de su prensa y de la radio, según anota el Teniente Coronel Rómu-
lo Zanabria Zamudio en su libro "Luchas y Victorias por la Defensa de
una Frontera".
Surge esta pregunta: ¿Qué se pretendía con este ataque
de sondeo
o con este acto de fuerza? Sencillamente, probar el valor de la defensa
peruana y dilatar el tiempo en seis u ocho meses, para tener listas sus
Fuerzas Aéreas y Navales que se hallaban en pleno proceso de adiestra-
miento y equipamiento.
Nuestro ocasional adversario, pretendió probar ante la opinión
pú-
blica del Iviundo, que nosotros éramos los agresores, que nosotros
éra-
mos los iniciadores del ataque, pero lo que realmente sucedía era que
el
Alto Mando del Ejército ecuatoriano, desconociendo su verdadero rol,
se impuso al Canciller Dr. Julio Tovar Donoso y como consecuencia
orientaba de una manera muy particular la política exterior de su país.
Grave error, pues costó una derrota.
Del 7 al 23 de julio de 1941, hay una calma sospechosa en todo el
frente, pero como todos los informes recibidos en el Puesto de Coman-
do, hacían prever la inminencia de un ataque, por parte de las tropas
ecuatorianas, el Comando áe la Primera División Ligera, en cumplimien-
to de las órdenes recibidas, dispone la ejecución del Plan respectivo,
que
consideraba inicialmente una acción ofensiva en el sector de Matapalo
y
el Caucho y una acción defensiva en los sectores de Zarumilla y Papa-
yal, con la finalidad de recuperar la zona ilegalmente ocupada, particu-
larmente la Isla Noblecilla, llamada por los ecuatorianos "Alto Matapa-
lo", situada entre Quebrada Seca o Faical y Quebrada Lajas o Balsama!.
Las operaciones se desarrollaron de acuerdo al Plan establecido y a
las 10.00 de la mañanase recuperaba la Isla Noblecilla, habiéndose
cap-
turado los puestos ecuatorianos de Rancho Grande - Quebrada Lajas -
Puesto Ángulo - Casitas y La Bomba.
La Aviación cooperó activamente en estas operaciones y cuando
el
avión piloteado por el Teniente FAP José Abelardo Quiñones,
trataba
de destruir en Quebrada Seca un nido de ametralladoras que obstaculi-
zaba el avance de nuestros bravos infantes, se incendió, pero con la
san-
gre frfa que lo caracterizaba, enfila su avión envuelto en llamas hacia
el
objetivo y cumple su misión destruyéndolo, a costa de vida.
Magnífico
ejemplo por imitar, de allí que la Fuerza Aérea de nuestra Patria,
lo
haya elevado al altar de los héroes, al lado de Grau y Bolognesi; asimis-
mo, en esta acción, cayeron valerosamente los guías civiles
Manuel Ca-;
talino Farías y Alipio Rosales Camacho, cuando afanosamente busca-
ban en pleno bosque los mejores encaminamientos para la Unidad a la
cual estaban asignados.
El Dios de los Ejércitos había reservado el 23 de julio, a las
14.30
como el inicio de la gran batalla final cuyo resultado tenía que favore-
cer a la Nación que perseguía una misión justa. Las fuertes
concentra-
ciones de tropas adversas en Chacras - Dornajo - Arenillas, presentan
un grave peligro para el cumplimiento de nuestra misión y es así
como
la Primera División Ligera ordena, de acuerdo con el Escalón
Superior,
la ejecución del Plan previsto que contemplaba la conquista de Huaqui-
lias - Chacras, constituyendo en cada uno de los lugares indicados, una
cabeza de puente para permitir el paso de medios motorizados y meca-
nizados por la cortadura del Zarumilla, para facilitar la continuación
de
la ofensiva.
Para que esta misión tuviera el éxito asegurado se consideró
nece-
sario que el ataque se desencadenase con un fuerte apoyo de fuegos de
artillería y aviación, produciendo esta medida, tal grado de
sorpresa que
facilitó enormemente el avance de nuestras tropas.
A juzgar por las declaraciones de los prisioneros tomados en esta
jomada, el apoyo proporcionado por los cañones del Agrup amiento de
Artillería, constituyó una verdadera sorpresa táctica,
nunca esperaron
ese mortífero fuego y el pánico producido fue aumentando con
los gri-
tos lastimeros de dolor de los heridos y el tétrico ruido producido
por
las roturas de las ramas de los árboles al desgajarse de sus troncos.
Después de dos o tres horas de tenaz resistencia y producidos mu-
chos actos heroicos por ambos bandos, las tropas peruanas ocuparon:
Boca de Capones - Huaquillas - Chacras -, mientras el Destacamento de Matapalo
que continuaba con las operaciones del día. anterior con-
quistaba: Rancho Grande - Refugios de Peregrinos y Caravana.
Esta jornada representó un rotundo éxito para nuestras tropas,
pues el adversario se retiró en el más completo desorden hacia
Santa
Rosa y Arenillas, dejando gran cantidad de material bélico que fue
cap-
turado.
En la acción que reseñamos, cayeron valerosamente combatiendo,
el Teniente de Infantería Juan Hoyie Palacios y el civil gufa Abraham
Carrasco BeytFa, junto con 20 individuos de tropa, entre los que se en-
contraba el Sargento José Lishner Tudela y dfas después, el
29 de julio
en la zona del Huásimo encontraba una muerte gloriosa el Sub-Teniente
Eduardo Astete Mendoza, quien gravemente herido en una pierna con-
tinuaba impulsando el ataque de su sección hasta que una ráfaga
de
ametralladora le cegó la vida.
Posteriormente la División se dedica a, consolidar el terreno con-
quistado y capturar algunos puntos que ofrecían cierta resistencia
como
Balsalito - Guabillos - Carcabón - Hualtaco, etc.
Mientras tanto, la Aviación profundiza sus acciones de bombardeo
y ametrallamiento en Arenillas, Santa Rosa, Puerto Bolívar y Pasaje
ejecutando posteriormente un asalto vertical a Puerto Bolívar, captu-
rándose un cuantioso botm de guerra y al personal que no pudo esca-
par; por otra parte la Marina con la Flotilla de Patrulleras de los Esteros
ocupaba la penmsula de la Isla Tembleque y se apoderaba de los forti-
nes de Payana y de Matapalo; además, tomó como presa de guerra
a va-
rias embarcaciones menores y realizó con todo éxito más
de 1,238 pa-
trullajes; mientras tanto, la Escuadra compuesta por nuestros buques de
superficie y los cuatro submarinos tipo "R" que en esa época
poseía-
mos, impedia que el núcleo de fuerzas militares de Guayaquil acudiesen
a la Provincia de "El Oro", cerrando el canal de jambelf para todo
transporte marftimo enemigo hacia Balao o Puerto Bolívar y realizaba
bombardeos estratégicos sobre la región de los esteros y sobre
Puerto
Bolívar, según nos cuenta el Contralmirante jorge Camino en
su docu-
mentado estudio titulado: "LA MARINA DE GUERRA DEL PERÚ
EN EL CONFLICTO PERUANO-ECUATORIANO DE 1941".
La Batalla de Zarumilla/ha terminado, habiéndose ocupado la fron-
tera de tacto y mantenido una zona de seguridad en (a Provincia de "El
Oro", la que es desocupada el 3 de febrero de 1942, en cumplimiento
del Tratado de Paz, Amistad y Limites suscrito el 29 de enero de 1942,
pero ya anteriormente se había firmado el 2 de octubre del año
ante-
rior, el Acuerdo de Talara, en la que el Perú, representado por el
enton-
ces Teniente Coronel Miguel Monteza Tafur, impuso, con gran tino, una I mea
provisional, desde todo punto de vista ventajoso para nuestra se-
guridad, pues a juzgar por lo que dice su documentado libro: "EL CON-
FLICTO MILITAR DEL PERÚ CON EL ECUADOR", dicho Acuerdo,
reconocía y legalizaba la permanencia de nuestras tropas en la provincia
ecuatoriana de "El Oro" y dejaba en poder nuestro, importantes zonas
ecuatorianas.
La orden de cesación del fuego fue respetada por las tropas perua-
nas y se evidencia por el hecho que no profundizó su acción
ofensiva
para mantener el contacto, sin embargo nuestros adversarios el 11 de
setiembre en Porotillo, sorprenden alevosamente a un Escuadrón de Ca-
ballería y sometido a un intenso fuego de ametralladoras, resultan
tres
oficiales y 37 individuos de tropa muertos, entre los que se encontraba
el Capitán Alfredo NovoaCava,el Alférez Luis Reynafarje y el
Teniente
de la Guardia Civil Alipio Ponce Vásquez, declarado Héroe de
la Guar-
dia Civil del Perú por Decreto Supremo NO 28-78/1 N del 29 de agosto
de 1978, logrando tan sólo escapar uno de tan horrible masacre.
Nuestro Comando, tomó enérgicas medidas, pero como nuestro
Gobierno había empeñado su palabra de respetar el cese de las
hostili-
dades, tuvo que abstenerse de tomar mayores represalias.
Una semana más tarde, en Panupali, un pelotón del mismo Regi-
miento, fue atacado sorpresivamente y gracias a la oportuna llegada de
refuerzos y a la actitud valerosa de aquellos defensores, los atacantes
fueron rechazados.
Como un acto de verdadera justicia, debo resaltar el comporta-
miento viril y patriótico del pueblo tumbesino antes, durante y después
de este Conflicto, pues los que estaban en condiciones físicas para
so-
portar las fatigas y sacrificios que imponía el luchar por el ideal
patrio,
gustosos lo hacían y aquellos que por su edad no podían hacerlo,
con su
entusiasmo y su fe puestos en el porvenir de nuestro Perú, infundían
ánimo a todos los combatientes tanto civiles como militares.
De igual modo la mujer tumbesina, también se hizo presente en los
hospitales de sangre, cooperando con los médicos peruanos a aliviar
las heridas del personal tanto peruano como ecuatoriano y llevándoles
una palabra de aliento y la tierna sonrisa que tanto necesitaban.
En el Hospital de sangre instalado en el local del Hotel de Turistas,
prestaron sus invalorables servicios distinguidas damas como la señora
Ana Delgado de Martinich - Ofelia Vda. de Vargas - Lida Infante -
María Irene Vargas - Maruja Da Silva - Consuelo Delgado - Maruja
Grippa - Clelia Madrid - Mary Garrido - Guillermina Alemán - Rene
Puell - Tarcila Granda - Rosa Elena Da Silva - Gloria Garrido y mu-
chas otras cuyos nombres no figuran consignados en los partes respectivos;
fatalmente hasta la fecha no han recibido el reconocimiento nacio-
nal a que tienen derecho, de allí' que esta ocasión sea propicia
para ges-
tionar el Diploma que con justicia lo tienen ganado. Muchos somos tes-
tigos de esa humanitaria labor.
"El Comercio" de Lima, en su edición del 20 de setiembre
de
1941, en un comentario sobre la labor desarrollada por la señora Ana
Delgado de Martinich, dice: "Ella ha organizado la Cruz Roja y ha sido
la principal animadora de esta obra patriótica, contribuyendo con su
persona, con su dinero y con abnegación excepcional. Desenvuelve una
actividad en la atención de los heridos, habiendo ayudado en la imple-
mentación de los hospitales de sangre y dedicándose íntegramente
al
servicio de "la Patria. Ella ha sido secundada en entusiasmo por distin-
guidas damas tumbesinas, que han dado su aporte desinteresado".
En otras ocasiones pudimos constatar el verdadero patriotismo de
los agricultores y pescadores de Zarumilla, que en innumerables ocasio-
nes y con sus propios medios hicieron respetar nuestra linea de fronte-
ra, que prácticamente estuvo desguarnecida hasta 1935, que llegó
el Ba-
tallón de Ingeniería NO 1, al mando del Tte CrI Luis Lizárraga.
Párrafo especial merecen el grupo de tabacaleros y guías que
va-
lientemente, codo a codo con las tropas-combatientes, lucharon por lo
que siempre fue peruano. Algunos de ellos son: Juan Reyes Lozano,
Manuel Catalino Farias, Gobernador de Matapalo - Francisco Cadillo
Romero - Jacinto Orellana - José Carrasco Granda - Abraham Carras-
co Beytia - Javier Gonzalos - Pompilio Alburquerque, etc. Muchos se
encuentran en el anonimato, pero a todo ese grupo de gente, la Patria
los mira con una sonrisa eternamente agradecida. ,
Unos guiaron a las tropas combatientes como el caso de Pompi-
lio Alburquerque y Pedro Izquierdo, que lo hicieron guiando al Regi-
miento de Caballería No 5 de Huaquillas a Pasaje, otros como Catalino
Farias y Alipio Rosales Camacho, cayeron en pleno bosque y por últi-
mo otros con su machete abrieron en la espesura del bosque una trocha
como la de Uña de Gato a Dornajo, que se hizo en 7 horas de trabajo
continuo para facilitar el pasaje de las Unidades a caballo; en fin, en Pa-
saje estaba el señor Osear Davis como Jefe del Ferrocarril Pasaje Mácha-
la, dictando una serie de disposiciones destinadas a facilitar el empleo
de tan importante medio de comunicación, y en Tumbes merecen citar-
se a don Lizandro Pacheco, Alberto Quintana, Carlos Garrido, a los her-
manos Mendoza y a otras muchas personas, quienes exponiendo sus
propias vidas, llegaban hasta las primeras Ifneas, llevando los abasteci-
mientos necesarios como para no frenar el impulso ofensivo de nuestras
tropas.
Asimismo, no podemos dejar de mencionar al Alcalde de Zarumi-
lla, señor Enrique Noblecilla, quien junto con 16 civiles de la región
cooperaron en forma decidida y valiente con el Comandante Luis Lizá-
rraga en la ejecución de importantes reconocimientos a la frontera,
que
dieron como resultado la instalación de diversos puestos fronterizos;
a
los señores Gilberto Peña, Néstor Terranova y Alejandro
Samanez por
haber capturado el 25 de junio de 1937 a dos pilotos ecuatorianos quie-
nes "por haberse desviado de la ruta que seguían, tuvieron que
aterrizar
en el aeropuerto de Tumbes" y los condujeron con todas las segurida-
des del caso a la Comandancia, para entregarlos a las autoridades co-
rrespondientes, motivo éste que produjo la justa indignación
del pueblo
por tan flagrante violación de nuestro territorio; la cooperación
del IngO
julio A. Bresani, Ingeniero Departamental de Tumbes o la de sus tra-
bajadores, la mayorfa de ellos tumbesinos, es digna de todo encomio,
con un entusiasmo contagiante, con una abnegación y con su patriotis-
mo a toda prueba, se les vio mejorando y construyendo pasajes en el río
Bolsico, instalando el Puesto de Socorro en Pozo Azul para atender las
necesidades de las Unidades que recuperaban el cerro El Caucho, asi-
mismo se les vio contribuyendo y mejorando carreteras a fin de facilitar
los abastecimientos, las evacuaciones y el transporte de las Unidades; a
Elias Jiménez Guerrero, que en su Imprenta "La Verdad" se
imprimie-
ron los volantes que los pilotos peruanos arrojaron sobre Guayaquil el
20 de julio de 1941, dando a conocer al pueblo ecuatoriano que la Pro-
vincia de "El Oro" estaba en poder de las tropas peruanas; por otra
par-
te digno de mencionarse es el trabajo de los ferrocarrileros quienes de-
nodadamente laboraban por poner en servicio el sistema ferroviario; fa-
talmente el nombre de esos dignos servidores aún permanecen en el ano-
nimato, pero su labor está presente en el recuerdo de todos los que
tuvi-
mos la suerte de ser actores en este hecho de armas; y para no citar a
más compatriotas, no debemos olvidar de mencionar a don Segundo
Noblecilla, Administrador y uno de los dueños de la hacienda Zarumi-
lia, que recuperado mediante una acción de fuerza por personal de la
'"or Guardia Civil y algunos residentes del lugar, se reintegró
a sus ocupacio-
nes habituales, listo siempre a defender nuestra integridad territorial,
por último debemos también nombrar a dos ciudadanos extranjeros
re-
sidentes en Tumbes: Ingo Georg Petersen y Raymundo Quintana, el pri-
mero geólogo de la Empresa Petrolera Fiscal y el segundo Inspector
del Estanco del Tabaco, por sus valiosos informes y juiciosas recomen-
daciones para hacer más peruano un territorio que siempre fue peruano.
Para terminar con este aspecto tan importante de la Campaña de
1941, debo hacer notar que el resultado general de la Batalla de Zarumilia,
podrfa, sin eufemismo de ninguna clase, resumirse de la siguiente
manera: Un laurel más para nuestro Escudo, 6,000 kilómetros
cuadra-
dos de territorio ecuatoriano ocupado por nuestras tropas, incluyendo
las ciudades de Santa Rosa - Pasaje - Arenillas y otras menores como
Chacras - Huaquillas - Buena Vista - Puerto Bolívar y el Guabo y ade-
más, la captura de un grupo de artillería, 100 fusiles de repetición,
100,000 cartuchos de fusil, 1,000 granadas para cañones Breda, 2 caño-
nes Anti-aéreos, 11 ametralladoras, cascos de acero, equipo, vestuario,
etc. -.
A este laurel, que indiscutiblemente conquistó nuestro pueblo y
nuestra Fuerza Armada, en las rumorosas márgenes del ZarumiUa, bajo
el bravfo crepitar de metralla y el bramido iracundo de nuestros caño-
nes inmortales, no se le ha dado aún, el verdadero valor que en realidad
tiene y es sencillamente porque "los grandes hechos que consagran los
pueblos agradecidos deben ser definitivos, indiscutidos e infalibles, y
este juicio solemne y supremo, sólo puede pronunciarlo la posteridad,
porque la gloria es un fruto de lenta gestación que no admite ser madu-
rado por el mismo sol que vio florecer".
El diferendo limítrofe entre el Perú y Ecuador, quedó
terminado
en virtud del Protocolo de Paz, Amistad y Límites, firmado en Rio de
Janeiro el 29 de enero de 1942 y a juzgar por las declaraciones que en
diferentes oportunidades hiciera el Dr. José Marfa Velasco Ibarra,
ex-
Presidente del Ecuador: "El Ecuador no tiene actualmente ningún
pro-
blema limítrofe" o cuando dijo: "Estamos obligados a respetar
ese Tra-
tado y lo respetaremos", nos hacía creer que efectivamente los
ecuato-
rianos también consideraban el problema terminado, pero fatalmente
las cosas no son así, ciertas esferas oficiales del país del
Guayas, preten-
den la revisión y el desconocimiento de un Tratado que fue aprobado
por los Congresos de ambos países y que tuvo como garantes a los Go-
biernos de los Estados Unidos de NA, Argentina, Brasil y Chile, hasta la
total demarcación de la frontera entre las dos Repúblicas.
Aquella tesis revisionista, no tendría ningún fundamento jurfdico
y de aceptarse, trastocaría todas las normas del Derecho Internacional,
"pues es un principio básico que la voluntad unilateral de una
de las
partes no basta para invalidar un Tratado de Límites ni para liberarlo
de las obligaciones que él impone".
Entre el Perú y Ecuador no hubo guerra como muy bien dice el
Dr. Alberto Wagner de Reyna en su documentado libro "HISTORIA
DIPLOMÁTICA DEL PERÚ". La ocupación de la Provincia
de "El
Oro" no se encaminó a conquistar nada ni desmembrar el territorio
ecuatoriano, que fue totalmente desocupado apenas se firmó el Protocolo
de Rfo de Janeiro de 29 de enero de 1942. La acción militar no tuvo
tampoco carácter reivindicatorío de zonas que antes hubieran
pertene-
cido al Perú. Las operaciones en Zarumilla y "El Oro" tuvieron
asi'por
objetivo hacer cesar los continuos choques de fronteras que el Ecuador
provocaba, y la represalia se halló en todo momento encuadrada dentro
de las normas del derecho internacional".
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